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domingo, 1 de marzo de 2015

Campo de Higgs y realidad

Partícula, bosón, o campo de Higgs

En física se trabajan dos teorías sobre la descripción de la realidad: La primera, la de la relatividad general de Albert Einstein, que explica la gravedad, que mantiene unidos planetas y galaxias, es la teoría del universo a gran escala; y la segunda, el modelo estándar, de la mecánica cuántica, que incorpora las otras tres fuerzas, que operan a escala microscópica: el electromagnetismo, tan conocido y aplicado en la tecnología actual y las fuerzas nucleares débil (es la responsable de fenómenos naturales como la desintegración radiactiva) y por último la fuerza fuerte (es la responsable de mantener unidos a los, protones y neutrones, que coexisten en el núcleo atómico). Este modelo es, el desarrollado por varios científicos, a partir de los años setenta del siglo anterior, entre ellos Peter Higgs, que describe las interacciones y el comportamiento de la mayoría de partículas fundamentales del universo, como los quarks, los protones, los neutrinos y otros menos famosos como los muones. Desde la década de los sesenta los físicos han ido descubriendo cada uno de ellos. El bosón de Higgs era la pieza que faltaba para completar el rompecabezas. Primero intentemos definir cuál es la forma correcta de referirnos al importantísimo descubrimiento hecho por Peter Higgs y su equipo en el acelerador de partículas del CERN, en Ginebra Suiza, y después a la interpretación filosófica del mismo.

La Ciencia y la tecnología actual caminan con paso más rápido que la filosofía. Al parecer, los filósofos piensan que tienen mucho por hacer en otros campos, y poco, en las matemáticas y la ciencia. Sin embargo, la filosofía tiene mucho que aportar en este campo debido, sobre todo, a que los físicos teóricos tienen importantísimos hallazgos en su área que no saben cómo interpretarlos con un discurso que no sea tan técnico. La ciencia actual no tiene una visión global del universo, hemos caído en la especialización y el reduccionismo tan perjudicial, a veces, para ver el paisaje completo; contrario a lo que sucedía en la antigua Grecia, que las intuiciones y especulaciones filosóficas acerca de la naturaleza de las cosas de estos grandes pensadores dieron origen a la Ciencia actual de Occidente. Esa pléyade de filósofos griegos mostró horizontes muy amplios a la inteligencia del mundo. Podemos citar a Heráclito con su propuesta del ser y el devenir de un mundo siempre cambiante.

El mundo real consiste en un equilibrado ajuste de tendencias opuestas. Detrás de la lucha de los contrarios, y de acuerdo a, determinadas leyes, existe una armonía o consonancia, que es el mundo. Es decir, lo que entendemos por la realidad del mundo está conformada por la interacción de los componentes contrarios en el campo de la naturaleza. A Pitágoras, Euclides, Arquímedes con sus valiosos aportes al pensamiento matemático. Leucipo y Demócrito, con la intuición genial de que los ladrillos fundamentales de la materia, eran unas entidades indivisibles que llamaron átomos. Pasaron casi XXV siglos en la historia de las ciencias para que se revisara este concepto; así, a comienzos del siglo anterior, los físicos comprobaron que ésta unidad no era tan básica y simple, como la entendían los griegos, pues contenía componentes subatómicos que los denominaron electrones, neutrones y protones, y su vez, los protones otros más pequeños, como los quarks.

También, algunos años después, lograron penetrar el núcleo atómico y dividirlo, liberando con ello, grandes cantidades de energía que contenía en su interior y, algunos gobiernos, le dieron aplicación militar e industrial. En estas condiciones, ya, ésta entidad básica de la naturaleza no le queda bien el nombre que sustenta, el de átomo, porque su nombre es inapropiado y adolece de anacronismo. Sin embargo, los físicos y químicos modernos conservan este nombre en sus prácticas y experimentos. Tenemos también a Platón con la visión de la realidad donde afirmaba que el origen y esencia de esta era la idea. Es decir, para este filósofo, primero era la idea, antes que la materia y la energía, indicando con ello que la idea era el origen y esencia de todas cosas del mundo, afirmaba, además, que la realidad estaba hecha con las copias de nuestras ideas. Por una afortunada coincidencia, en este siglo XXI, la física cuántica de vanguardia por medio de experimentos de laboratorio de alta energía, ha llegado a similar conclusión: los componente fundamentales de lo que entendemos por la realidad, no es la masa, ni energía, sino la información. Por lo tanto, con estos experimentos y evidencias científicas, la filosofía tiene mucho que hacer hoy. Pero continuemos con los antiguos griegos, Aristóteles, por su parte, aportó mucho al pensamiento de occidente con la construcción formal de la lógica y las reglas del discurso. Únicamente he citado a los más relevantes, pero en los cinco siglos antes de la actual era llegaron a este mundo, (quien sabe de qué galaxia), verdaderos portentos humanos que iluminaron con su inteligencia el camino de la razón y nos enseñaron a pensar.

El campo de Higgs

Según la teoría del físico británico Peter Higgs, propone la existencia de bosones que intrínsecamente no tienen masa. Al carecer de ella, no tienen extensión, ni forma física. Según éste científico, el Universo está impregnado de un campo, (el campo cuántico unificado de la naturaleza), que ofrece resistencia a este bosón y en esta interacción les otorga masa a las partículas subatómicas. Para expresarlo en el lenguaje de la Ciencia: Con las interacciones, (bosones), entre los componentes del campo, (fermiones), del vacío atómico, se construye toda la materia del universo.

Hay que resaltar que lo que propone este físico es un bosón que interactúa con el campo cuántico unificado de la naturaleza, y en esa interacción otorga masa a los fermiones. No es una partícula subatómica, en el sentido como lo es el protón, el neutrón y el electrón tal y como lo afirman los medios de comunicación porque en ese caso sería un fermión. Los bosones son interacciones del campo cuántico y son de la misma naturaleza que de la información. Sabemos que las interacciones son intercambios de información y energía entre dos, o más entidades. Es por esta asombrosa propiedad de este bosón en particular, por la que los medios periodísticos y algunos científicos del mundo, entre ellos el Nobel de Física León Lederman, la llaman la partícula de Dios. Y no es para menos, en la interacción de esta entidad energética con el vacío cuántico es como se originaron y todavía se originan las partículas materiales en el universo. El campo de Higgs llena el espacio vacío y, en la medida en que las partículas se mueven a través de él, su interacción les causa tener masa. Sin el bosón de Higgs no habría masa y sin ella, no habría átomos, ni estrellas, ni planetas, ni mucho menos vida, tal y como se conoce.

Se cree que durante el Big Bang, la explosión que dio origen al universo, no había masa, pero, una trillonésima de segundo después, el campo de Higgs llenó el vacío y le dio al cosmos la estructura que tiene hoy. Si se confirma que de hecho es el mismo bosón propuesto por Higgs, esto implicaría que el modelo estándar estaría completo. Si, por el contrario, se trata de un nuevo bosón, tanto mejor para los físicos, pues "abriríamos la posibilidad de explorar nuevas alternativas y tener indicios de que hay modelos más allá del estándar para explicar los fenómenos que no están descritos allí", dice Gabriela Navarro, investigadora del Grupo Experimental de Física de Altas Energías de la Universidad Antonio Nariño de Bogotá Colombia. El modelo estándar propone que así como la fuerza electromagnética tiene una mínima partícula o quantum, que es el fotón, el campo de Higgs debía tener la suya propia: el bosón de Higgs. El campo de Higgs sería una especie de continuo que llena el vacío en el cual las interacciones con el resto de partículas están mediadas por el bosón de Higgs. En este campo, las partículas más ligeras se moverían fácilmente mientras que las más pesadas lo harían con mayor dificultad.

Aunque parezca muy extraño la conciencia humana podría, de alguna manera, articularse a este campo cuántico. La magia de la creación continúa todavía desde los primeros instantes siguientes después del Big Bang, por tal motivo, algunos físicos teóricos como Vlatko Vedral de la universidad de Oxford Inglaterra, afirman que la naturaleza de la realidad no la conforma, ni la masa, ni la energía, sino que es información pura. Ahora, de donde viene la información? Obviamente de todo el universo y la mente es uno ellos, ya que esta origina las ideas, pensamientos, visualizaciones, etc.; estos términos los extrapolamos, en este contexto, con el vocablo información. Esta es una especie de virus informático que invade todo el universo. Hace unos XXV siglos el maestro Buda intuyó que la mente y la materia, eran dos formas de una misma y una sola cosa. Es decir, que la mente y la materia eran equivalentes, entonces, donde hay masa o materia hay información y por lo tanto mente. Por otra parte, Platón afirmó en el Timeo que el origen y esencia del mundo material era la idea. Cuando hablamos de los pensamientos, ideas, información, etc. tenemos que ver con el generador de éstas y este es el observador con su mente o su conciencia, que en este contexto es lo mismo. La ciencia actual es, en su método, dualista y cartesiana. Es decir, el observador y el mundo allá fuera son como entidades independientes. Yo estoy por fuera de los fenómenos de la naturaleza que deseo investigar. Esto es ejercer un reduccionismo dual que nos saca de toda realidad del mundo. Ignoramos que somos parte de él, somos gotas del mismo océano, ignoramos que todos somos los componentes de un holograma universal.

Para entender esto, es necesaria una mueva teoría científica para apropiarnos de las leyes de la naturaleza que incluya al observador y su mente como parte integrante de los fenómenos de la misma. Esto de alguna manera, nos conduce a modificar nuestras creencias sobre la realidad y el papel que desempeña el observador en ella y por consiguiente, también, al paradigma científico. De esa manera, podríamos comprender mejor, la parte determinante que ejerce el observador con su poder de la atención e intención, en el proceso de cognición como atributos de su mente, en todas las leyes que operan en el universo. El cual, ya no sería un ente pasivo en el mundo, sino un co-creador de la realidad.

Como consecuencia de lo anterior, hablar de la masa como componente indispensable del universo, ya no tiene sentido. Tenemos que dirigir nuestra atención a la información o a la idea como elemento primario de la naturaleza. La realidad sólida material que nos muestran nuestros sentidos desaparece, para darle cabida a un modelo holográfico virtual compuesto de información. Ya lo decían Niels Bohr y Werner Heisenberg en el año 1934. Las partículas materiales aisladas son abstracciones, (ideas?), ya que sus propiedades sólo son definibles y observables mediante su interacción con otros sistemas. Heisenberg, da un paso más y afirma: estas abstracciones serían, presumiblemente, simetrías matemáticas, de una naturaleza similar a las ideas tal y conforme lo lo postula Platón.

Una breve nota sobre cómo se forma un holograma. Es una técnica avanzada de fotografía que consiste en crear imágenes tridimensionales. Para obtener un holograma, el objeto a fotografiar es bañado por la luz de un rayo láser. A continuación se hace rebotar un segundo láser contra el reflejo luminoso del primero y el patrón de interferencia resultante, (el área donde se cruzan ambos láseres), es capturado de modo fotográfico. Al ser revelada, la película resultante muestra lo que parece un amasijo caótico de luces y líneas oscuras. Sin embargo, basta con iluminar la película con un nuevo rayo láser para conseguir una imagen tridimensional del objeto original. La interferencia producida por el choque de dos ondas de luz láser hace posible el holograma. Quizás, el holograma es una propiedad natural del universo soportado y explicado, como teoría científica apoyada en el comportamiento ondular de la materia a escala subatómica. Donde cada parte de la interferencia, contiene la información del todo. Veamos un ejemplo: Una fotografía laser tiene una propiedad insólita, muy diferente a una fotografía en dos dimensiones de nuestro álbum familiar; en este caso, si cortamos la foto en mucho fragmentos, sus partes no significarían nada, solamente servirían como elementos para armarlos nuevamente como en un rompecabezas.

La foto holográfica, en cambio, si la fraccionamos en muchos pedazos, cualquiera de ellos contiene la información de toda la imagen original si la iluminamos con una fuente de luz láser. Toda la materia del universo, en su vibración atómica, envía ondas electromagnéticas de información, que en este contexto, llamaremos cuantos de información el cual produce zonas de interferencia que forman un ovillo confuso no comprensible, (un holograma), que solamente el observador, con el poder de la atención, captura con sus sentidos y entrega a su mente para ésta decodifique la información holográfica y la transforme en percepción.

Aquí se cumple la propiedad fundamental de la Mecánica Cuántica: la onda se convierte en partícula, ante la atención del observador. La atención de éste hace las veces de la luz láser. El universo no lo podemos ver tal cual es, porque tiene una dimensión oculta, quizás con tres coordenadas simétricas a las que vemos con nuestros sentidos, (en la terminología de David Bhom, se diría: dimensión implicada), sólo podemos ver una parte que es la que se despliega ante nuestros ojos, como si fuese un holograma, el cual solamente lo podemos percibir porque los rayos de luz y la atención del observador están iluminando la imagen en 3D; el cual es un magnífico recurso metafórico para intuir mejor la interdependencia básica de la unidad diferenciada con el todo. Somos parte de un modelo sistémico de la vida. Quizás sea la mente humana la que jalona la fenomenología en la naturaleza.

Las leyes de la percepción 

Por otra parte, en la búsqueda de un nuevo paradigma, también, tenemos que revisar las leyes que operan en el proceso de cognición; debido a que, contrario a lo que se piensa, la percepción del mundo es una proyección de la mente del observador, esto significa nada más y nada menos, que éste ve a la naturaleza de acuerdo al filtro de sus creencias, al paradigma científico imperante, al entorno cultural, es decir, de acuerdo a su marco de referencia interno. El mundo es el espejo de su mente, no ve afuera sino lo que se proyecta desde su espectro mental interior. Toda la representación del universo no puede ser sino relativa, porque está condicionada por sus creencias, pero jamás será una representación absoluta. En estas condiciones, la percepción de la realidad del mundo es subjetiva, pues está condicionada por el contenido mental del observador. Hay una propiedad axiomática de la mente para crear su propia realidad: A todo a aquello que le pones tu atención se transforma. Hay Físicos de la Mecánica Cuántica que afirman que el observador crea esta realidad. Esta es una herramienta sutil e infalible que nos regaló la naturaleza para interactuar con el Universo.

Desde luego, estas propiedades de la mente, la atención e intención, deben estar cargadas con contenidos emocionales y creencias muy claras para que este axioma opere con efectividad. Pues no debe haber una disonancia cognitiva entre lo mental y lo emocional, es decir, ambivalencias, o palos en la rueda, entre lo que deseamos y lo que pensamos. El pensamiento y el deseo deben ser coherentes para no sabotear nuestras propias elecciones. Nuestro pensamiento, debe ser un conjunto de ideas y emociones estructuradas cognitivamente con un significado y un propósito de comunicación. En estas condiciones, poseemos la atención y la intención focalizada en un solo objetivo. Según la teoría científica de vanguardia y apoyado en la física cuántica, hay una relación directa entre nuestra realidad física y un campo de energía conocido como Campo Unificado de la Naturaleza, o el campo de infinitas posibilidades. (El campo de Higgs?). Este campo se altera cuando la concentración del pensamiento, la atención y la intención del sentimiento se proyectan sobre él. Yo doy vida, de alguna manera, a aquello que observo, a aquello en lo que pongo mi atención. Si es a pensamientos negativos, cosecharé lo que siembro. ¿A qué pensamientos les doy mi atención? Recordemos que un electrón, tiene una naturaleza dual, onda-partícula, es onda hasta que se le observa, colapsa y se convierte en partícula en un punto determinado y nosotros no somos sino un puñado de partículas subatómicas. Somos átomos configurados en moléculas orgánicas y gobernadas por una mente. Si yo comprendo que la Realidad que yo experimento es subjetiva, porque es mi proyección, y está condicionada a mi observación; a la forma como me siento emocionalmente hacía ella, si yo hago de este conocimiento un dogma de vida, que cale hasta la última célula de mi ser...qué no puedo lograr... ¿qué no puedo atraer a mi vida, cuando mente y corazón, (pensamientos y emociones), trabajan juntos hacía un objetivo común?

Es necesario tener en cuenta, que no hay nada que exista fuera de nuestra mente que tenga un significado propio. Es el cerebro, activado por la mente, es el que decodifica la información, la analiza, la integra, la proyecta e interpreta el holograma universal y le da un significado. Las frecuencias electromagnéticas de información, (Cuantos de información), que envían todas las cosas del universo causan la estimulación en las neuronas para decodificar este holograma e interpretarlo como la realidad. El proceso de determinar que el objeto existe exteriormente sólo se produce en la interpretación que hace la mente por la estimulación de los sentidos. En definitiva, lo que se ve, se oye, se degusta, se toca y se huele son patrones de estimulación neuronal que corresponden de manera parcial y limitada con lo que está "ahí", pero que sigue sin ser realmente "eso". Las frecuencias electromagnéticas, (cuantos de información), que causan la estimulación neuronal carecen completamente de color, gusto o textura. El mundo en sí mismo no tiene significado alguno. Las cualidades que experimentamos a través de la percepción sensorial son atributos creados por la mente por medio de la proyección. Si la percepción de la realidad es una proyección de la mente del observador queda entonces, de esta manera, ligada y sumergida la mente o la conciencia del mismo a lo que describimos como la realidad.

Algunos físicos afirman, que de alguna manera, todos somos los co-creadores de la realidad. El significado del mundo es una proyección de las creencias de la mente del observador, es decir, está condicionado por su paradigma mental. Recordemos, con la tención del observador la onda se convierte en partícula. Por consiguiente, tendría sentido y aplicación la siguiente reflexión: Si la naturaleza es una gran mente universal que esta interconectada a mi mente individual, entonces yo soy la naturaleza misma.

Autor: Néstor Jaramillo Hernández Medellín, marzo 11 de marzo de 2014

Fuente: http://www.monografias.com/trabajos100/implicaciones-filosoficas-del-decubrimiento-particual-dios-o-boson-higgs-s/implicaciones-filosoficas-del-decubrimiento-particual-dios-o-boson-higgs-s.shtml



lunes, 2 de abril de 2012

El poder de la palabra: Como se debe orar?

Conjuro, oración, programación neurolingüística… Ayer y hoy, la palabra y el pensamiento son valorados como poderosos instrumentos de transformación. La física cuántica demuestra día tras día que nuestra realidad se modifica al tiempo que programamos nuestro cerebro en planteamientos y expresiones positivas.


Programación Neurolinguistica
 La palabra ha sido reverenciada en todos las culturas. Tanto es así que no existe una sola civilización en la que no haya una bella leyenda sobre su aparición. Así lo relatan los dogones, tribu africana aislada durante siglos en la frontera de Malí y Burkina Fasso: “el Séptimo recibió pues el conocimiento de un verbo, no ya reservado a unos pocos, sino destinado a la totalidad de los hombres…

De esta manera podría aportar un progreso al mundo” –del libro de Marcel Griaule Dios de agua–. Al otro lado del planeta, en los círculos de danzas sagradas aztecas, los participantes se pasan la palabra con la expresión “El es Dios”. La “Palabra”, entendida como mensaje de Dios, se convirtió en la base de la religión y la magia transmitida por sacerdotes y magos . “Palabra de Dios: alabemos al Señor”, se dice en la santa misa.

Ha sido y es, por tanto, el medio para realizar los mayores encantamientos: el conjuro y la oración… Lo sorprendente es que los últimos descubrimientos de la física cuántica repiten casi mágicamente gran parte de la sabiduría tenida como esotérica durante largo tiempo: el pensamiento, a través de la palabra, es creador, es decir, es capaz de alterar la realidad…

En un conocido experimento conocido como “De los dos agujeros”, se comprobó que los deseos y las espectativas del científico influían en los resultados del mismo.

En concreto, el profesor Anton Zeillinger, de la Universidad de Viena, testificó que los átomos de la molécula de fullerano –estructura atómica que tiene 60 átomos de carbón (C60) descubierta en 1985– eran capaces de pasar por dos agujeros simultáneamente, experimento que ha sido repetido con éxito en gran número de ocasiones y que convirtió la teoría de los “universos paralelos”, propuesta en su día por el médico de la Universidad de Princeton, Hugh Everett, en un asunto de la física, bajo el nombre de “superposición cuántica”. La idea es que la realidad es un número “n” de ondas que conviven en el espacio–tiempo como posibilidades.

El efecto 'Isaías'

Cuevas de Qumran
Simultáneamente, pero en otro campo del saber tan alejado como la arqueología, la interpretación de los manuscritos del mar de Muerto, hallados a mediados del siglo XX en las cuevas de Qumran, ha venido a demostrar que los esenios, los “cristianos” originarios, tenían una manera diferente de orar a la actual.

El investigador Greg Braden fue quien llamó “Efecto Isaías” a la manera de orar de los esenios, en referencia a uno de los rollos, atribuido a este profeta, el único que fue hallado intacto. En su libro El efecto Isaías: Decodificando la pérdida ciencia de la oración y la plegaria, Braden afirma que la manera de orar de los esenios era muy diferente a la que los cristianos posteriores adoptarían.

En lugar de pedir a Dios “algo”, los esenios visualizaban que aquello que pedían ya se había cumplido y realizado, una técnica muy utilizada actualmente en el ámbito del deporte de alta competición. Esta regla, utilizada por la moderna PNL –Programación Neuroligüística–, recurre al presente, y no el futuro, cuando se pretende conseguir algo, como si ya se hubiera cumplido, como si fuera realidad. Sin embargo, si nos atenemos a este conjuro recogido por Martín Sevilla, procedente del Atharveda III,23, ya era conocida por las hechiceras de la antigua India.

Este hechizo combatía la esterilidad: “Por lo que has resultado estéril/ eso hacemos desaparecer de ti/ eso ahora muy lejos de ti/ en otra parte lo dejamos/ Te hago capaz de tener hijos/ a tu matriz venga un niño/ consigue tú un hijo, mujer/ que te haga feliz/ y házle feliz tú a él”. Algunos terapeutas de la Nueva Era, corriente espiritual ligada a la física cuántica, están empleando hoy esta técnica para curar enfermedades, visualizando el sistema inmunológico, luchando, por ejemplo contra el cáncer. De momento, los resultados son, cuando menos, dudosos.

No así, en el caso del fortalecimiento del sistema inmunológico o la respuesta al dolor, en donde sí se han obtenido resultados positivos. En un estudio dirigido por Richard Davison, de la Universidad de Wisconsin, y el experto en budismo y meditación, John Kabat Zinn, se inyectaron vacunas para la gripe a un grupo de meditadores recién entrenados y a otro de no meditadores.

Seguidamente, se midieron los niveles de anticuerpos en su sangre y sus actividades cerebrales para ver qué medida de la actividad mental se desplazaba del hemisferio derecho al izquierdo. El resultado fue que los meditadores no sólo tenían mayor cantidad de anticuerpos, tanto a las cuatro como a las ocho semanas después de inocular la vacuna, sino que, además, las personas cuya actividad experimentaba mayor desplazamiento de uno a otro hemisferio, habían creado más defensas. Kabat-Zinn propone que cuanto mejor sea la práctica de la técnica de meditación, su sistema inmune será más saludable.

La teoría, extraída de los experimentos de la física cuántica es que cuando enfocamos nuestra mente en una de esas opciones, la hacemos real. Y al expresarla por medio del verbo, de la palabra, al exteriorizarla en suma, ese pensamiento toma fuerza. Allí reside parte del poder del tradicional conjuro, algo que se utiliza en psicología deportiva: los corrillos de los jugadores de baloncesto o los ya clásicos All Blacks neozelandeses en el rugby ponen en marcha ese mecanismo antes de jugar, la creación a través del sentimiento.

Antiguos Esenios
Según Braden, los antiguos esenios usaron las cualidades del pensamiento, de la emoción y el sentimiento para describir cómo experimentamos la vida en este mundo. Los psicólogos y místicos ligados a la cuántica afirman hoy que la emoción es el sistema energético que nos hace avanzar cada día a través del deseo; el sistema de energía no tiene un direccionamiento hasta que se encauza mediante el pensamiento.

Éste traduce el deseo en acción, ya sea del tipo negativo –“no soy capaz de hacerlo”, “va a salir mal”–, como positivo –“me lo merezco”, “soy capaz”–. Cuando el pensamiento adquiere emoción se convierte en sentimiento. La moderna física cuántica afirma que el sentimiento nos lleva a otro universo paralelo, a otra realidad tanto para lo bueno –optimismo– como para lo malo –pesimismo–.

Los tibetanos también han utilizado los cánticos y los mudras en sus plegarias para entrar en el sentimiento correcto antes de orar, eso sí, en el momento de la plegaria no exteriorizan ese estado; ha de ser interior, parecida técnica a la usada por los monjes cristianos. En otras religiones, sin embargo, como las africanas umbanda, candomblé o santería, en las que los iniciados son poseídos por espíritus o en las sectas evangélicas, ese sentimiento sí es expresado de manera desbocada.

Según las teorías que estamos viendo, estarían en un nivel inferior en cuanto a su actividad, moviéndose más en la emoción que en el sentimiento. La PNL abunda en este mismo protocolo, afirmando que “con el lenguaje construimos nuestra realidad, al igual que con los programas mentales, con los cuales elaboramos nuestras estrategias y secuencias internas al llevar a cabo una tarea, operando de manera similar a un ordenador”.

Martina Navratilova
El psicólogo Jim Loehr fue uno de los primeros en utilizar algunas de estas técnicas en el mundo del deporte profesional. Concretamente, son famosos los vuelcos que experimentaron en sus carreras tenistas como Ivan Lendl, Jim Courier o Martina Navratilova, al pasar por sus manos. A través del fortalecimiento de su mente, de la repetición de una serie de movimientos rituales y de los gritos, tan usuales hoy en el mundo del tenis, conseguían mejores golpes a la pelota.

Ese chillido es casi calcado al kiai que emiten los karatekas antes de realizar algunas de sus proezas, como partir bloques de ladrillos. Eduardo Padierna, cinturón negro de kárate, explica que el kiai “se utiliza para llevar la energía desde la base del estómago, el tercer chakra, enfocándola en el punto donde se está dando el golpe, a la vez que se suelta el aire.

Digamos que intensifica un golpe final al aumentar tanto la energía que se canaliza como la concentración”. Las religiones orientales, de las que bebe en gran parte la moderna psicología occidental a través de la gestalt y la psicología humanista, ya utilizaban hace milenios algunas de las técnicas hoy empleadas para mejorar el rendimiento. Entre ellas, el uso de un mantra o palabra repetida hasta que la mente quede embebida en el sonido, que produce un estado de fluidez, en el cual la creatividad fluye con facilidad.

Algunos de los mejores discos de los Beatles nacieron de sus viajes a la India para meditar con el Maharishi, del cual fueron devotos, sobre todo, Lennon y Harrison –a Ringo Starr le aburría soberanamente–. Así pues, el poder de la oración, como el del conjuro, pues ambas técnicas son resultado de la misma lógica interna, reside en que visualicemos que lo que pedimos se ha cumplido y, al mismo tiempo, inhalemos la emoción y el sentimiento para que “entre” en nuestra realidad, “incorporándola”.

Estos son algunos de los conocimientos que tenían –y tienen– logias como los masones y los rosacruces, ligadas a los movimientos gnósticos y herméticos cuyos orígenes se remontan a Oriente Medio y Egipto. Llevando más lejos este poder, desde hace décadas se han realizado diferentes experimentos utilizando la meditación para llevar la paz a áreas de conflicto sobre la base de un conocimiento ancestral.

El psicólogo estadounidense David Orme-Johnson, afirma que la tensión colectiva de una sociedad es la suma de las tensiones de cada uno de los individuos. Cuando ésta aumenta, la violencia de una población humana también lo hace, expresada en la forma de tensiones territoriales, odios étnicos, nacionalistas, etc. En este sentido, el experimento más polémico se realizó en el año 1993 en Washington DC, por aquel entonces sumido en una ola de violencia como nunca se había conocido.

Basándose en decenas de estudios previos, un artículo publicado en el Institute Social Research pronosticó que si se reunía un grupo de cuatro mil meditadores, los crímenes en la ciudad se reducirían aproximadamente en un 20%. Esta suposición se sostenía sobre la existencia de un campo de conciencia colectivo –o campo mórfico–, en el que muchas mentes unidad pueden influir. El escéptico jefe de policía de Washington respondió que eso sólo ocurriría si, en mitad del verano, acontecía una nevada de medio metro ya que, de este modo la gente no saldría de casa.

Las predicciones resultaron ser exactas, porque los crímenes, que incluían robos, asesinatos y violaciones, se redujeron en un 23%, siendo la probabilidad de que ello ocurriera de dos entre mil millones. Tras estos espectaculares resultados, el jefe de policía apoyó la investigación. David V. Edwards, profesor de gobierno en la Universidad de Austin (Texas) aseguró que “el impacto potencial de esta investigación excede a la de cualquier otro programa existente de investigacion científica, social o psicológico.

Ha superado una serie de pruebas estadísticas más amplias que la mayoría de las investigaciones científicas en el campo de la resolución del conflicto. La obra, y la teoría que la apoya, merecen la consideracion más seria por parte del mundo académico y de los creadores de la política social”.

El método científico empleado fue tal que los escépticos sólo pudieron aducir en su contra acerca de las suposiciones sobre los conceptos en los que se basaba. Robert D. Duval, profesor de ciencia política en la Universidad de Virginia Occidental, escribió en 1988 que “este artículo es de un valor dudoso para la investigacion científica de la política internacional porque sus principios básicos son sospechosos. Las suposiciones fundamentales de un ‘campo unificado’ y una ‘conciencia colectiva’ no existen dentro del paradigma bajo el cual la mayoría de nosotros opera”.

Meditación
Duval, sin embargo, admitió que “si aceptamos, solamente con el fin de discutirlo, que estos principios son razonables, entonces la investigación se conforma bastante bien a las normas científicas”. Actualmente, la defensa a través de la meditación se ha convertido en objeto de estudio en el campo ¡militar! La revista norteamericana Jane’s Defense Daily publicó, en su edición inglesa, varios anuncios en este sentido, y un representante de la misma llegó a afirmar que “a pesar de no haber tenido oportunidad de probarlos, los sistemas espirituales de defensa podrían ser la próxima generación de armas”.

El mayor Franklin M. Davis, practicante de la meditación trascendental, y anteriormente, comandante del ejército norteamericano, predijo en 1973 que el próximo siglo sería “el de la mente”, y que el programa de la meditación trascendental podría tener un lugar muy importante en esa época.

Extraído de: http://elmistico.com.ar/novedades/el_poder_dela_palabra.htm

lunes, 5 de marzo de 2012

La física cuántica confirma que creamos nuestra realidad

Durante décadas, los poderes de la mente han sido cuestiones asociadas al mundo “esotérico”, cosas de locos. La mayor parte de la gente desconoce que la mecánica cuántica, es decir, el modelo teórico y práctico dominante hoy día en el ámbito de la ciencia, ha demostrado la interrelación entre el pensamiento y la realidad. Que cuando creemos que podemos, en realidad, podemos. Sorprendentes experimentos en los laboratorios más adelantados del mundo corroboran esta creencia.


El estudio sobre el cerebro ha avanzado mucho en las últimas décadas mediante las “tomografías”. Conectando electrodos a este órgano, se determina donde se produce cada una de las actividades de la mente. La fórmula es bien sencilla: se mide la actividad eléctrica mientras se produce una actividad mental, ya sea racional, como emocional, espiritual o sentimental y así se sabe a qué área corresponde esa facultad.

Estos experimentos en neurología han comprobado algo aparentemente descabellado: cuando vemos un determinado objeto aparece actividad en ciertas partes de nuestro cerebro… pero cuando se exhorta al sujeto a que cierre los ojos y lo imagine, la actividad cerebral es ¡idéntica! Entonces, si el cerebro refleja la misma actividad cuando “ve” que cuando “siente”, llega la gran pregunta: ¿cuál es la Realidad? “La solución es que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente”, afirma el bioquímico y doctor en medicina quiropráctica, Joe Dispenza en el libro “¿y tú qué sabes?”. En otras palabras, que fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras experiencias, es decir, mediante nuestras emociones.

La farmacia del cerebro

En un pequeño órgano llamado hipotálamo se fabrican las respuestas emocionales. Allí, en nuestro cerebro, se encuentra la mayor farmacia que existe, donde se crean unas partículas llamadas “péptidos”, pequeñas secuencias de aminoácidos que, combinadas, crean las neurohormonas o neuropéptidos. Ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente. Según John Hagelin, profesor de física y director del Instituto para la ciencia, la tecnología y la política pública de la Universidad Maharishi, dedicado al desarrollo de teorías del campo unificado cuántico: “hay química para la rabia, para la felicidad, para el sufrimiento, la envidia…”

En el momento en que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conectará con las células que tienen esos receptores en el exterior. El cerebro actúa como una tormenta que descarga los pensamientos a través de la fisura sináptica. Nadie ha visto nunca un pensamiento, ni siquiera en los más avanzados laboratorios, pero lo que sí se ve es la tormenta eléctrica que provoca cada mentalismo, conectando las neuronas a través de las “fisuras sinápticas”.

Cada célula tiene miles de receptores rodeando su superficie, como abriéndose a esas experiencias emocionales. Candance Pert, poseedora de patentes sobre péptidos modificados y profesora en la universidad de medicina de Georgetown, lo explica así: “Cada célula es un pequeño hogar de conciencia. Una entrada de un neuropéptido en una célula equivale a una descarga de bioquímicos que pueden llegar a modificar el núcleo de la célula”.

Nuestro cerebro crea estos neuropéptidos y nuestras células son las que se acostumbran a “recibir” cada una de las emociones: ira, angustia, alegría, envidia, generosidad, pesimismo, optimismo… Al acostumbrarse a ellas, se crean hábitos de pensamiento. A través de los millones de terminaciones sinápticas, nuestro cerebro está continuamente recreándose; un pensamiento o emoción crea una nueva conexión, que se refuerza cuando pensamos o sentimos “algo” en repetidas ocasiones. Así es como una persona asocia una determinada situación con una emoción: una mala experiencia en un ascensor, como quedarse encerrado, puede hacer que el objeto “ascensor” se asocie al temor a quedarse encerrado. Si no se interrumpe esa asociación, nuestro cerebro podría relacionar ese pensamiento-objeto con esa emoción y reforzar esa conexión, conocida en el ámbito de la psicología como “fobia” o “miedo”.

Todos los hábitos y adicciones operan con la misma mecánica. Un miedo (a no dormir, a hablar en público, a enamorarse) puede hacer que recurramos a una pastilla, una droga o un tipo de pensamiento nocivo. El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestras células con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos excite, “distrayéndonos” del miedo. De esta manera, cada vez que volvamos a esa situación, el miedo nos conectará, inevitablemente, con la “solución”, es decir, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria celular.

La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”. Porque, como ha demostrado el Instituto Tecnológico de Massachussets en sus investigaciones con lamas budistas en estado de meditación, nuestro cerebro está permanentemente rehaciéndose, incluso, en la ancianidad. Por ello, se puede desaprender y reaprender nuevas formas de vivir las emociones.

Mente creadora

Los experimentos en el campo de las partículas elementales han llevado a los científicos a reconocer que la mente es capaz de crear. En palabras de Amit Goswani, profesor de física en la universidad de Oregón, el comportamiento de las micropartículas cambia dependiendo de lo que hace el observador: “cuando el observador mira, se comporta como una onda, cuando no lo hace, como una partícula”. Ello quiere decir que las expectativas del observador influyen en la Realidad de los laboratorios… y cada uno de nosotros está compuestos de millones de átomos.

Traducido al ámbito de la vida diaria, esto nos llevaría a que nuestra Realidad es, hasta cierto punto, producto de nuestras propias expectativas. Si una partícula (la mínima parte de materia que nos compone) puede comportarse como materia o como onda… Nosotros podemos hacer lo mismo.

La realidad molecular

Los sorprendentes experimentos del científico japonés Masaru Emoto con las moléculas de agua han abierto una increíble puerta a la posibilidad de que nuestra mente sea capaz de crear la Realidad. “Armado” de un potente microscopio electrónico con una diminuta cámara, Emoto fotografió las moléculas procedentes de aguas contaminadas y de manantial. Las metió en una cámara frigorífica para que se helaran y así, consiguió fotografiarlas. Lo que encontró fue que las aguas puras creaban cristales de una belleza inconmensurable, mientras que las sucias, sólo provocaban caos. Más tarde, procedió a colocar palabras como “Amor” o “Te odio”, encontrando un efecto similar: el amor provocaba formas moleculares bellas mientras que el odio, generaba caos.

Por último, probó a colocar música relajante, música folk y música thrash metal, con el resultado del caos que se pudieron ver en las fotografías.

La explicación biológica a este fenómeno es que los átomos que componen las moléculas (en este caso, los dos pequeños de Hidrógeno y uno grande de Oxígeno) se pueden ordenar de diferentes maneras: armoniosa o caóticamente. Si tenemos en cuenta que el 80% de nuestro cuerpo es agua, entenderemos cómo nuestras emociones, nuestras palabras y hasta la música que escuchamos, influyen en que nuestra realidad sea más o menos armoniosa. Nuestra estructura interna está reaccionando a todos los estímulos exteriores, reorganizando los átomos de las moléculas.

El valioso vacío atómico

Aunque ya los filósofos griegos especularon con su existencia, el átomo es una realidad científica desde principios de siglo XX. La física atómica dio paso a la teoría de la relatividad y de ahí, a la física cuántica. En las escuelas de todo el mundo se enseña hoy día que el átomo está compuesto de partículas de signo positivo (protones) y neutras (neutrones) en su núcleo y de signo negativo (electrones) girando a su alrededor. Su organización recuerda extraordinariamente a la del Universo, unos electrones (planetas) girando alrededor de un sol o núcleo (protones y neutrones). Lo que la mayoría desconocíamos es que la materia de la que se componen los átomos es prácticamente inexistente. En palabras de William Tyler, profesor emérito de ingeniería y ciencia de la materia en la universidad de Stanford, “la materia no es estática y predecible. Dentro de los átomos y moléculas, las partículas ocupan un lugar insignificante: el resto es vacío”.

En otras palabras, que el átomo no es una realidad terminada sino mucho más maleable de lo que pensábamos. El físico Amit Goswani es rotundo: “Heinsenberg, el codescubridor de la mecánica cuántica, fue muy claro al respecto; los átomos no son cosas, son TENDENCIAS. Así que, en lugar de pensar en átomos como cosas, tienes que pensar en posibilidades, posibilidades de la consciencia. La física cuántica solo calcula posibilidades, así que la pregunta viene rápidamente a nuestras mentes, ¿quién elige de entre esas posibilidades para que se produzca mi experiencia actual? La respuesta de la física cuántica es rotunda: La conciencia está envuelta, el observador no puede ser ignorado”.

¿Qué realidad prefieres?

El ya famoso experimento con la molécula de fullerano del doctor Anton Zeillinger, en la Universidad de Viena, testificó que los átomos de la molécula de fullerano (estructura atómica que tiene 60 átomos de cárbón) eran capaces de pasar por dos agujeros simultáneamente. Este experimento “de ciencia ficción” se realiza hoy día con normalidad en laboratorios de todo el mundo con partículas que han llegado a ser fotografiadas. La realidad de la bilocación, es decir, que “algo” pueda estar en dos lugares al mismo tiempo, es algo ya de dominio público, al menos en el ámbito de la ciencia más innovadora. Jeffrey Satinover, ex presidente de la fundación Jung de la universidad de Harvard y autor de libros como “El cerebro cuántico” y “El ser vacío”, lo explica así: “ahora mismo, puedes ver en numerosos laboratorios de Estados Unidos, objetos suficientemente grandes para el ojo humano, que están en dos lugares al mismo tiempo, e incluso se les puede sacar fotografías. Yo creo que mucha gente pensará que los científicos nos hemos vuelto locos, pero la realidad es así, y es algo que todavía no podemos explicar”.

Quizás porque algunos piensen que la gente “de a pie” no va a comprender estos experimentos, los científicos todavía no han conseguido alertar a la población de las magníficas implicaciones que eso conlleva para nuestras vidas, aunque las teorías anejas sí forman parte ya del dominio de la ciencia divulgativa.

Seguramente la teoría de los universos paralelos, origen de la de la “superposición cuántica”, es la que ha conseguido llegar mejor al gran público. Lo que viene a decir es que la Realidad es un número “n” de ondas que conviven en el espacio-tiempo como posibilidades, hasta que UNA se convierte en Real: eso será lo que vivimos. Somos nosotros quienes nos ocupamos, con nuestras elecciones y, sobre todo, con nuestros pensamientos (“yo sí puedo”, “yo no puedo”) de encerrarnos en una realidad limitada y negativa o en la consecución de aquellas cosas que soñamos. En otras palabras, la física moderna nos dice que podemos alcanzar todo aquello que ansiamos (dentro de ese abanico de posibilidades-ondas, claro).

En realidad, los descubrimientos de la física cuántica vienen siendo experimentados por seres humanos desde hace milenios, concretamente, en el ámbito de la espiritualidad. Según el investigador de los manuscritos del Mar Muerto, Greg Braden, los antiguos esenios (la comunidad espiritual a la que, dicen, perteneció Jesucristo) tenían una manera de orar muy diferente a la actual. En su libro “El efecto Isaías: descodificando la perdida ciencia de al oración y la plegaria”, Braden asegura que su manera de rezar era muy diferente a la que los cristianos adoptarían. En lugar de pedir a Dios “algo”, los esenios visualizaban que aquello que pedían ya se había cumplido, una técnica calcada de la que hoy se utiliza en el deporte de alta competición, sin ir más lejos. Seguramente, muchos han visto en los campeonatos de atletismo cómo los saltadores de altura o pértiga realizan ejercicios de simulación del salto: interiormente se visualizan a sí mismos, ni más ni menos que realizando la proeza. Esta técnica procede del ámbito de la psicología deportiva, que ha desarrollado técnicas a su vez recogidas del acervo de las filosofías orientales. La moderna Programación Neurolingüística, usada en el ámbito de la publicidad, las relaciones públicas y de la empresa en general, coincide en recurrir al tiempo presente y a la afirmación como vehículo para la consecución de los logros. La palabra sería un paso más adelante en la creación de la Realidad, por lo que tenemos que tener cuidado con aquello que decimos pues, de alguna manera, estamos atrayendo esa realidad.

La búsqueda científica del alma

En las últimas décadas, los experimentos en el campo de la neurología han ido encaminados a encontrar donde reside la conciencia. Fred Alan Wolf, doctor en física por la universidad UCLA, filósofo, conferenciante y escritor lo explica así en “¿Y tú qué sabes?” de la que se espera la segunda parte en pocos meses: “Los científicos hemos tratado de encontrar al observador, de encontrar la respuesta a quién está al mando del cerebro: sí, hemos ido a cada uno de los escondrijos del cerebro a encontrar el observador y no lo hemos hallado; no hemos encontrado a nadie dentro del cerebro, nadie en las regiones corticales del cerebro pero todos tenemos esa sensacion de ser el observador”. En palabras de este científico, las puertas para la existencia del alma están abiertas de par en par: “Sabemos lo que el observador hace pero no sabemos quién o qué cosa es el observador”.

Hoy recuperadas por la física cuántica, muchas de estas afirmaciones eran conocidas en la Antigüedad, como en el caso del “Catecismo de la química superior”, de Karl von Eckartshausen.

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Cuadro 1 Nuestro cerebro: un ordenador que procesa información

A cada segundo, en una vida como la moderna llena de estímulos: nos bombardean enormes cantidades de información. El cerebro solo procesa una mínima cantidad de ella: 400 mil millones de bits de información por segundo. Los estudios científicos han demostrado que sólo somos conscientes de 2.000 mil de esos bits, referidos al medio ambiente, el tiempo y nuestro cuerpo. Así pues, lo que consideramos la Realidad, es decir, aquello que vivimos, es sólo una mínima parte de lo que en realidad está ocurriendo. ¿Cómo se filtra toda esa información?

A través de nuestras creencias: El modelo de lo que creemos acerca del mundo, se construye desde lo que sentimos en nuestro interior y de nuestras ideas. Cada información que recibimos del exterior se procesa desde las experiencias que hemos tenido y nuestra respuesta emocional procede de estas memorias. Por eso, los malos recuerdos nos impulsan a caer en los mismos errores.

Cuadro 2: Cómo romper con esos malos hábitos del pensamiento

El cerebro crea esas redes a partir de la memoria: ideas, sentimientos, emociones. Cada asociación de ideas o hechos, incuba un pensamiento o recuerdo en forma de conexión neuronal, que desemboca en recuerdos por medio de la memoria asociativa. A una sensación o emoción similar, reaparecerá ese recuerdo en forma de idea o pensamiento. Hay gente que conecta “amor” con “decepción” o “engaño”, así que cuando vaya a sentir amor, la red neuronal conectará con la emoción correspondiente a cómo se sintió la última vez que lo sintió: ira, dolor, rabia, etc. Según Joe Dispenza “si practicamos una determinada respuesta emocional, esa conexión sináptica se refuerza y se refuerza. Cuando aprendemos a “observar” nuestras reacciones y no actuamos de manera automática, ese modelo se rompe”. Así pues, aprender a “ver” esas asociaciones es la mejor manera de evitar que se repitan: la llave es la consciencia.

Cuadro 3: La mecánica de la erección

La mejor metáfora del pensamiento creador es el miembro masculino. Una sola fantasía sexual, es decir, un pensamiento erótico, es capaz de producir una erección, con toda la variedad de glándulas endocrinas y hormonas que participan en ello. Nada hay fuera de la mente del hombre pero, sin embargo, se produce un torbellino hormonal que desemboca en un hecho físico palpable. En el lado femenino, también el poder del pensamiento asociado al erotismo se convierte a menudo en hechos físicos, demostrando la capacidad del pensamiento para crear situaciones placenteras… o adictivas. Los más firmes defensores del poder de la visualización llegan a proponer que se puede obtener a través de ella casi todo lo que deseamos.

Extraído de: http://www.rafapal.com/?page_id=663

domingo, 22 de enero de 2012

Entrelazamiento cuántico o “efecto de Dios”: el pegamento entre el espíritu y la materia

..."Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra,
Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.
Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta."

                                    Gustavo Adolfo Bécquer

El entrelazamiento cuántico, descrito como el parteaguas entre la física moderna y la clásica y también llamado "el efecto de Dios", parece servir como un cordón inmaterial que conecta todas las cosas del universo y tiende un puente entre la materia y el espíritu



Las cosas que han estado alguna vez en contacto entre sí siguen influyéndose mutuamente a distancia tras haberse cortado el contacto físico

James Frazer, La Rama Dorada.

What is LOVE?- An attempt to create quantum entanglement between two or more macroscopic sentient beings

@Akposthuman


En las últimas décadas la física cuántica ha tomado una enorme popularidad entre los no iniciados, principalmente por virar el materialismo característico de la ciencia hacia antiguas filosofías como el idealismo o religiones tan atractivas para la mente posmoderna como el budismo. Tiende un puente: la ciencia originalmente no se distingue de la filosofía: ambas buscan describir y entender la naturaleza (o el universo); la naturaleza, que en un inicio era concebida como la manifestación visible del espíritu. Es parte de la interpretación popular de la física cuántica (ampliamente criticada por científicos que en ocasiones no logran salir de la “caja”): hacer del mundo algo en lo que la mente participa o al menos algo que se parece más a lo mental que a lo inerte y meramente mecánico. A mi juicio atinadamente, el filósofo y físico de Yale Abner Shimony llamó a esta vertiente de la física “metafísica experimental”.

Una de las cosas que ha hecho a la física cuántica tan atractiva para la mente popular, con cierta inclinación a la espiritualidad, es que ha demostrado que el acto de observar un objeto afecta el estado de lo que se observa. Este “efecto del observador” se explica por la interacción inevitable entre un instrumento y el fenómeno que se observa. Por otra parte, el principio de indeterminación de Heisenberg señala que la posición y el momentum de una partícula no pueden determinarse hasta que no es medida —existe en un estado de superposición, está, por así decirlo, en todas partes antes de ser medida u observada. interpretación popular, que extrapola el mundo micróscopico, espectral e implicado del quantum al mundo macroscópico, que se caracteriza por el dar sentido: la explicación, ha entendido esto como que al observar cualquier fenómeno, al percibir algo, lo modificamos: la mirada transforma e incluso, bajo cierta influencia del new age, al percibir (o al creer en) algo lo estamos (co)creando. El escritor Robert Anton Wilson desarolló toda una teoría de psicología cuántica agnóstica de la realidad bajo este principio:

Cada modelo que construimos nos dice más sobre nuestra mente que sobre el universo… el universo es más grande que cualquiera de nuestros modelos… cada descripción del universo es una descripción del instrumento que utilizamos para describir el universo (la mente humana).

Entre el tesoro de rarezas que descubrió la física cuántica al penetrar en el átomo, probablemente la más significativa y maravillosa sea el entrelazamiento cuántico. Desde 1935 el físico Erwin Schrödinger notó una propiedad peculiar en la materia subatómica que llamó ”entrelazamiento” (entanglement, en inglés). Esto es, cuando dos sistemas cuánticos entran en contacto entre sí permanecen conectados instantáneamente, como si fueran parte de un todo indivisible. Schrödinger rápidamente apuntó que esta era la diferencia fundamental entre la teoría cuántica y la física clásica.

Actualmente el entrelazamiento cuántico se entiende como un proceso en el que una sola función de onda describe dos objetos separados, los cuales comparten una misma existencia no obstante lo lejos que puedan estar entre sí, como si estuvieran unidos por un cordón umbilical invisible o una onda que, en teoría, se puede propagar por todo el universo. Dos partículas que se han entrelazado tienen una descripción definida juntas, pero cada partícula por separada yace en un estado completamente indefinido: podemos decir que no existe la una sin la otra (aunque una partícula pudiera estar en las Pléyades y la otra entrando a tu pupila en la Tierra: photons that did tango, can never untangle). El entrelazamiento cuántico, que ha sido observado principalmente entre fotones, ha sido descrito por Henry Stapp en los términos de “luz gemela”, una “disposición correlacionada a responder”.

Albert Einstein desdeñó este aspecto de la mecánica cuántica con su famosa frase de “acción fantasmal a distancia”. Einstein, por supuesto, había impuesto un límite de velocidad al universo y no concebía posible un efecto superlumínico. Sin embargo, el físico irlandés John Bell demostró con su famoso teorema que el entrelazamiento cuántico sí ocurre (algo que ha sido confirmado en repetidas ocasiones, como es el caso del famoso experimento de Aspect).

Ahora bien, este misterioso efecto de entrelazamiento a distancia difíicilmente se explica por una fuerza física que pueda viajar más allá de la velocidad de la luz para transmitir un estado cuántico entre dos partículas (de existir ciertamente se mantiene fantasmal). Bell describió esta conexión entre partículas como “no-local”, es decir que no tiene una ubicación en el espacio. Dice Nick Herbert:

Las interacciones no-locales, de existir, serían una especie de vudú de la física en el que una partícula influye en la otra, no a través de una fuerza de campo convencional, sino simplemente porque se han tocado alguna vez en el pasado distante.

Pese a observarse en el laboratorio repetidas veces este fenómeno que afecta a los bloques fundacionales de la materia que conforma a todas las cosas del universo, existe cierta reluctancia a darle importancia al entrelazamiento cuántico. Nuestra vida en el mundo macro discurre sin detenernos a pensar en lo que significa que todas las partículas que han estado en contacto entre sí tengan esta propiedad de conexión cuántica instántanea: no se nos ocurre pensar que estamos entrelazados con ciertas personas, con ciertos objetos, con ciertas ideas que siguen influyéndonos a distancia. Recientemente, sin embargo, científicos han notado que diversos fenómenos “macroscópicos” —como la fotosíntesis y la navegación de las aves— parecen estar ligados al entrelazmiento cuántico. Aún más interesante es la teoría de que nuestro ADN se mantiene unido debido a esta conexión cuántica.

Elisabeth Rieper y colegas de la Universidad Nacional de Singapur dicen que este entrelazamiento es lo que mantiene unida la doble hélice del ADN. Según el sitio Technology Review de MIT, Rieper y sus colegas usaron un modelo teórico del ADN en el que cada nucleótido consiste en una serie de electrones orbitando un núcleo cargado positivamente. El movimiento de la nube negativa es un oscilador armónico. Cuando los nucleótidos se unen para forma un par de bases, las nubes deben de oscilar en direcciones opuestas o la estructura no será estable. Rieper y sus colegas se preguntaron qué le sucedería a esas oscilaciones si los pares bases estuvieran apilados en una doble hélice. La hélice debería de vibrar y deshacerse, pero esto no sucede, ya que las oscilaciones ocurren como una serie de estados de superposición —lo que significa que oscilan en todos los estados posibles al mismo tiempo. Un entrelazmiento cuántico lo mantiene todo unido [Daily Galaxy].

Que el ADN esté unido por entrelazamiento cuántico es altamente significativo, y por otra parte algo que podría anticiparse bajo cierto entendimiento de la selección natural y la evolución. Siendo que el ADN es fundamentalmente un programa (bio)informático que ha logrado replicarse con éxito —una especie chip cósmico o libro orgánico (¿el axis mundi de la galaxia?)— y que la forma más efectiva de transmitir información de la cual tenemos conocimiento es el entrelazamiento cuántico, es lógico pensar que el código genético esté vinculado entre sí de esta forma: con el pegamento más potente del universo (curiosamente es esa “oscilación de todos los estados posibles al mismo tiempo” lo que le da cohesión, una especie de omni-potencia cuántica).

Además de la teoría expuesta por los investigadores de la Universidad de Singapur, el Premio Nobel de Química Luc Montagnier publicó el año pasado un trabajo en el que sugiere que el ADN emite señales electromagnéticas que imprimen su estructura en otras moléculas, algo similar a una teleportación de información, o en otras palabras entrelazamiento cuántico. El experimento realizado por Montagnier ha generado gran controversia y poca aceptación entre la comunidad científica, de cualquier forma avanza hacia una elegante intuición —que parece reflejarse en la naturaleza. Aún menos aceptado es el trabajo del científico ruso Pjotr Garjaje quien sostiene que el ADN es similar a un Internet cósmico. Lo siguiente del libro Vernetzte Intelligenz de Grazyna Fosar y Franz Bludor (traducción de fragmentos aquí):

De hecho, Pjotr y su equipo encontraron más paralelos aún entre la genética y la informática. Especulan que la estructura del “ADN basura” (el “segundo código” similar a la gramática del lenguaje humano) y su posibilidad de modificación, se deben a que el ADN no acumula toda la información necesaria en cada momento, sino que intercambia información permanentemente (la recibe, modifica y emite), de la misma forma que lo hace una computadora conectada a la web. Cada persona sería, siguiendo esta línea argumental, un nodo de una red o sistema (como Internet) que involucraría a muchos más individuos-nodos.

Hay que aclarar que Pjotr es una figura oscura, aparentemente miembro de la Academia de Ciencias de Moscú según algunos sitios web, de quien se tiene poca información y quien cree que el ADN no solo puede modificarse a través de la interacción de rayos de luz coherente (como lásers), también a través de las palabras —de manera similar a lo que sostiene Masuro Emoto con las moléculas de agua. Aclarando esto —que nos alejamos de la ciencia establecida— la posibilidad de que el ADN de un ser vivo no solo esté en un estado de entrelazamiento cuántico con cada una de sus células, sino con otros miembros de su especie (y quizás con todo el universo), es muy interesante. Es una forma de explicar la fascinante teoría de los campos mórficos del biólogo Rupert Sheldrake, quien sostiene que existen campos de información que organizan el desarrollo de una especie y sirven con una memoria de la naturaleza —de tal forma que se pueden transmitir hábitos y mutaciones de manera horizontal, sin tener que pasar de generación a generación.

En 1920 el embriólogo Alexander Gurwitsch descubrió que los seres vivos emiten fotones “ultra-débiles” dentro del espectro ultravioleta. Gurwitsch los llamó “rayos mitogénicos”, ya que creía que estos fotones tenían un papel importante en la división celular del campo morfogenético, es decir, en el desarrollo de la estructura morfológica de un ser vivo.

En la década de los 70 el profesor Fritz Albert Popp descubrió que esta emisión de luz, a la que llamó biofotones, se presentaba en un rango de entre 200 y 800 nm y que exhibía un patrón periódico y coherente. Popp teorizó que los biofotones son producidos por el ADN en el núcleo de las células. Esto fue demostrado en los años ochenta. El Dr. Jeremy Narby escribió en su libro The Cosmic Serpent:

Como el axis mundi de las tradiciones chamánicas, el ADN tiene una forma de escalera torcida (o una viña); de acuerdo a mi hipótesis, el ADN era, como el axis mundi, la fuente del conocimiento y las visiones chamánicas. Para estar seguro tenía que entender cómo el ADN podía transmitir información visual. Sabía que emitía fotones, que son ondas elctromagnéticas, y me acordé de lo que Carlos Perez Shuma me había dicho cuando comparó a los espíritus con ‘ondas de radio’. Una vez que prendes la radio, las puedes sintonizar. Es lo mismo con los espíritus; con la ayahuasca los puedes ver y escuchar. Así que investigué la literatura sobre fotones de origen biológico [...]

Narby formuló la hipótesis de que cuando los ayahuasqueros del Amazonas dicen comunicarse con los espíritus de las plantas, de sus ancestros o de la naturaleza, en realidad se están comunicando con el ADN de esas plantas o con su propio ADN (el cual tiene un campo holográfico) —y de esta forma obtienen información sumamente difícil de obtener por métodos de prueba y error, como fue en su momento el descubrimiento del curare. «Esta es la fuente del conocimiento: el ADN, viviendo en el agua y emitiendo fotones, como un dragón acuático escupiendo fuego».

Existe en la profundidad del misticismo humano una identidad entre el espíritu y la información, que ha sido recuperada con la física cuántica y con la era de la informática. Del gnosticismo al Internet. De Hermes a MSN. It from bit. Heisenberg escribió: “los átomos no son cosas, son solo tendencias, así que en vez de pensar en cosas, debes de pensar en posibilidades. Todos son posibilidades de conciencia”. Ervin Lazlo ha dicho que “la información es el software del universo“. Vemos hoy claramente que la información es lo que programa a la materia, lo que de alguna manera arde al interior del cuerpo (la manifestación más conspicua de aquello que llamamos alma —”el sol invisible”— es la información, el código). La versión de Erik Davis del Génesis:

En el principio era la Info, y la Info estaba con Dios, y la Info era Dios.

Davis, en su texto Images of Spiritual Information, añade: “El medio es el mensaje y el mensaje es el espíritu al interior que viene de fuera, señal y ruido cruzando las fronteras entre sí en el flujo feroz del desdoblamiento”.

Si el Logos o Espíritu en verdad es omnipresente, entonces debe de contar con los servicios de mensajería instantánea del entrelazamiento cuántico. No por nada el escritor Brian Clegg ha titulado su libro sobre el entrelazamiento cuántico “El Efecto de Dios“, como si este fuera el resultado de la materialización de la divinidad en el universo: el sello elástico de la unidad.



Según el físico Nick Herbert, el teorema de Bell revela que los hechos que experimentamos en el mundo “no pueden ser simulados por una realidad local subyacente. Cualquier realidad que se ajuste a los hechos debe de ser no-local [...]. El teorema de Bell muestra que debajo del mundanal ruido de nuestra existencia local yace oculta una realidad cuántica vudú conectada superlumínicamente que es necesaria para que este mundo ordinario opere”.

Esta realidad subyacente es lo que David Bohm llamó el orden implicado, un mar de energía del cual se desprende nuestra existencia apenas como la onda que se forma sobre la superficie de un lago cuando se lanza una piedra. Es también lo que Arthur Schopenhauer llamó el Mundo de la Voluntad (nuestra realidad explícita es el Mundo de la Representación: el Maia, la Matrix). Es también el mundo del Nagual, que expone Don Juan Matus según Carlos Castaneda y que podría ser parte de la tradición oculta tolteca. Es el mundo del Espíritu, el Brahman. El entrelazamiento cuántico parece ser el cordón umbilical (de luz comunicante) entre la dimensión de unidad divina absoluta y el mundo material de la multiplicidad, que es una falsa caída o división, ya que, por el mismo entrelazamiento cuántico, el Espíritu sigue irradiando, transmitiéndose a sí mismo a través de nosotros. In-formándonos.

Con información de Quantum Tantra y de MIT Technology Review

Extraído de: http://pijamasurf.com/2012/01/entrelazamiento-cuantico-el-pegamento-entre-el-espiritu-y-la-materia/

miércoles, 5 de octubre de 2011

Revuelo a la velocidad de la luz

Si fueran correctos los datos de un experimento de partículas elementales anunciados ayer, se pondría patas arriba toda la física del siglo XX, la teoría de la Relatividad de Einstein habría perdido uno de sus pilares y sería posible viajar al pasado. Los científicos, en medio de un gran revuelo, piensan que debe haber algún error en esos datos, pero el problema es que no saben dónde está ese fallo. De momento, los físicos del experimento Opera (bajo los Apeninos, Italia) han presentado los detalles de su investigación de manera que todos los expertos del mundo pueden zambullirse en sus resultados y dar su diagnóstico.

Estos resultados de Opera, "parecen indicar que los neutrinos [partículas elementales] viajan a una velocidad 20 partes por millón por encima de la velocidad de la luz, el límite cósmico de velocidad", explicó Sergio Bertolucci, director científico del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN, junto a Ginebra), donde se presentaron los datos del experimento. Y con prudencia, añadió: "Dadas las potenciales consecuencias de largo alcance de tales resultados, se precisan mediciones independientes antes de que se pueda refutar o confirmar claramente el efecto".

"Es demasiado pronto para comentar esto, hacen falta más experimentos y aclaraciones", dijo Stephen Hawking, físico teórico británico, experto en Relatividad, a Reuters. En el mismo tono se manifestaron ayer muchos científicos.

El efecto consiste en lo siguiente: la luz tardaría en viajar desde el CERN a Opera, a 730 kilómetros de distancia, 2,4 milisegundos, pero los neutrinos, según estos resultados, llegan 60 nanosegundos antes, como si cruzaran la meta de una carrera 20 metros por delante de la llegada de los fotones de luz, explica el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés. Si es cierto, si está ultrabien medido, ese adelanto contradice la Relatividad Especial postulada por Einstein en 1905 y verificada con extrema precisión miles de veces. Es más, en experimentos con neutrinos similares a Opera, aunque menos precisos, no se aprecia este efecto.

Tras varios días de rumores entre los expertos en partículas, ayer, finalmente, se conoció el trabajo científico de los miembros de Opera con su muy imprevisto resultado. Unas horas antes habían puesto su artículo en el sitio web en el que los físicos dan a conocer sus trabajos, adelantándose a la normal revisión entre pares.

Laboratorio del CERN
Dario Autiero habló en el auditorio principal del CERN, lleno hasta la bandera. Su charla duró una hora y, si alguien esperaba grandes debates sobre Einstein, la relatividad y las implicaciones de los resultados, se sentiría defraudado. Autiero, científico del CNRS y miembro de Opera se extendió sobre todos los procedimientos técnicos aplicados para medir la velocidad de los neutrinos, las calibraciones, los tiempos. Pero su conclusión fue tajante: "No intentamos hacer ninguna interpretación teórica o fenomenológica de los resultados". El turno de preguntas de sus colegas, que duró otra hora, siguió en el mismo tono de revisión de los parámetros del experimento. "El resultado es una enorme sorpresa", comentó el líder de Opera, Antonio Ereditato, de la Universidad de Berna (Suiza). "Después de varios meses de estudios y comprobaciones no hemos encontrado ningún efecto instrumental que pudiera explicar el resultado de las mediciones. Mientras los investigadores de Opera continúan sus estudios, también queremos tener medidas independientes para lograr un juicio definitivo".

El experimento tiene todas las características propias de la física de partículas: aceleradores, grandes detectores, una configuración de lo más peculiar y un grupo numeroso de científicos e ingenieros implicados (160 de 11 países, recordó ayer Autiero). Se trata de enviar haces de neutrinos desde el sistema de aceleradores de partículas del CERN hasta el detector Opera, en el Laboratorio Nacional de Gran Sasso, bajo los Apeninos. Como los neutrinos apenas interaccionan con la materia, son como partículas fantasma que atraviesan la Tierra -y las personas- sin inmutarse. Por ello también interceptarlos y detectarlos es muy difícil.

Detector Opera, en el Laboratorio Nacional de Gran Sasso
Opera está diseñado para medir una extraña propiedad de los neutrinos: cuando viajan a largas distancias los de un tipo se convierten en otro. Como es lógico, tienen que conocer muy bien cuándo han salido del CERN los neutrinos que captan en Opera, cuándo llegan y la distancia recorrida. Aquí es donde han surgido los extraños resultados. Los científicos se basan en 15.000 neutrinos medidos en Gran Sasso durante tres años. Han utilizado técnicas avanzadas de alta precisión de GPS y relojes atómicos y los resultados que han salido son lo que son: una sorpresa y un reto que hay que escudriñar a fondo ahora.

"Estos tíos han hecho todo a su mejor nivel, pero antes de echar a Einstein a la pira, nos gustaría ver [los resultados de] un experimento independiente", comentó el físico teórico del CERN John Ellis al periódico The New York Times. Si después de comprobar y recomprobar todo (seguramente se tardará tiempo) resulta ser correcto el resultado de Opera y se confirma en otro experimento, la física entraría en una revolución.

Dos reconocidos físicos refutan el experimento de los neutrinos

Tras la presentación, hace unos días, de los sorprendentes resultados del experimento Opera, según los cuales los neutrinos viajan más rápido que la luz, los físicos de partículas se han aplicado rápidamente a estudiar esa supuesta velocidad superlumínica y ya se han presentado más de 20 artículos científicos sobre el asunto. En uno de estos trabajos, Andrew G. Cohen y Sheldon L. Glashow (Premio Nobel de Física y una de las grandes autoridades en partículas elementales), ambos de la Universidad de Boston (EE UU), afirman que si estas partículas superasen la velocidad de la luz, los datos registrados en el detector Opera serían bien distintos de lo que sus responsables han anunciado. Dicho de manera muy sencilla, el análisis de estos dos físicos indica que unos neutrinos superlumínicos perderían energía muy rápidamente y el Opera habría detectado solo los de energía inferior a un cierto límite, mientras que en los resultados que se han presentado hay neutrinos por encima de ese límite. "Por lo tanto, refutamos la interpretación superlumínica de los resultados de Opera", escriben Cohen y Glashow en su análisis, titulado Nuevas restricciones a las velocidades del neutrino.

Los datos del experimento, que han dado la vuelta al mundo por las implicaciones que tendrían si fueran ciertos, indican que los neutrinos que se lanzan desde un acelerador del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), junto a Ginebra, recorren 730 kilómetros hasta llegar al Ópera (en el laboratorio de Gran Sasso, bajo los Apeninos) a una velocidad superior a la de la luz. El revuelo provocado por el anuncio de estos datos se debe a que, según la teoría de la Relatividad Especial de Einstein, de 1905, nada puede ser más rápido que la luz.

Los científicos de Opera fueron prudentes el pasado día 23 al presentar su trabajo en el CERN y se ciñeron a sus resultados, afirmando que habían detectado una velocidad superlumínica de los neutrinos. Pero la opinión general entre los especialistas ha sido, desde el primer momento, que algo falla en dicho experimento. Además, como siempre en ciencia, hay que reproducir el ensayo y obtener los mismos resultados en otra instalación diferente para darlos por buenos. Un experimento en Japón y otro en Estados Unidos, al menos, tienen capacidad de hacerlo.

Sheldon Lee Glashow
Cohen y Glashow también recomiendan reproducir el experimento en otro sitio, pero ahora, en su análisis, sustentado en investigaciones anteriores de Sidney R. Coleman y el propio Glasgow, no se refieren a las medición de tiempos y distancias u otros parámetros técnicos del trabajo realizado en el Opera que pudieran inducir falsos resultados sobre la velocidad de los neutrinos, sino, como físicos teóricos que son, se basan en puras leyes de la física bien establecidas y contrastadas.

Su argumento parte del hecho de que una partícula no puede desintegrarse en sí misma más otras partículas, porque el resultado de la desintegración sería más masivo, o de mayor energía, que la partícula original. Sin embargo, si los neutrinos fueran superlumínicos, se podrían desintegrar en otras partículas, incluidos esos mismos neutrinos con una energía inferior. Esto sucedería exclusivamente a los neutrinos con una energía superior a un determinado umbral: se desintegrarían en el camino desde el CERN y no llegarían a Gran Sasso. En Opera, por el contrario, se han detectado neutrinos de energía alta y baja, es decir, que los primeros no se han desintegrado.

La idea es que si uno viaja a tanta energía se frena porque va irradiando y se queda en la energía más baja. Esto implica, según Cohen y Glashow, que la interpretación superlumínica de los datos de Opera es inconsistente, sin necesidad de acudir a más observaciones que las del propio experimento Opera.

Dichos autores han dado a conocer su artículo (igual que los científicos de Opera) en el sitio de Internet donde suelen hacerlo los físicos antes de que su trabajo pase por el proceso de revisión entre pares obligado para su publicación en las revistas científicas. Pero este procedimiento de adelantar los trabajos en internet agiliza el escrutinio entre colegas de los resultados. El error en el análisis de los datos Opera, si lo hay, está por descubrir.

Extraído de www.elpais.com (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Revuelo/velocidad/luz/elpepisoc/20110924elpepisoc_1/Tes )

domingo, 31 de julio de 2011

Conciencia, causalidad y física cuántica - David Pratt

Resumen

La teoría Cuántica está abierta a diferentes interpretaciones, y este artículo hace una revisión de los distintos puntos de vista que se están manejando actualmente.

La interpretación estándar de la física cuántica asume que el mundo cuántico está caracterizado por un absoluto indeterminismo y que los sistemas cuánticos existen objetivamente solo cuando están siendo medidos y observados.

La interpretación ontológica de David Bohm de la teoría cuántica rechaza ambos supuestos. La teoría de Bohm postula que los eventos cuánticos son parcialmente determinados por fuerzas sutiles operando en un nivel mas profundo de la realidad y se vincula con la teoría de John Eccles de que nuestras mentes existen fuera del mundo material e interactúan con nuestros cerebros en el nivel cuántico.

Los fenómenos paranormales indican que nuestras mentes pueden comunicarse con otras mentes y afectar sistemas físicos a la distancia mediante medios no ordinarios.

Si tales fenómenos pueden ser explicados adecuadamente en términos de no-localidad y de vacío cuántico o si involucran fuerzas suprafísicas y estados de la materia aún desconocidos para la ciencia, está todavía abierto a la investigación, y amerita estudios experimentales futuros.

Introducción

La teoría Cuántica es generalmente vista como uno de las más exitosas teorías científicas formuladas. Pero mientras la descripción matemática del mundo cuántico permite la posibilidad de que los resultados experimentales sean calculados con un alto grado de exactitud, no hay consenso sobre que significa en términos conceptuales.

Muchos de estos hechos involucrados son explorados debajo.

Incertidumbre Cuántica

De acuerdo con el principio de incertidumbre, la posición y el momento de una partícula subatómica no pueden ser medidos simultáneamente con una precisión mayor que la establecida por la constante de Planck. Esto es así porque para cualquier medida la partícula debe interactuar con al menos un fotón o un cuanto de energía, que actúa al mismo tiempo como partícula y como onda, y la afecta de una manera impredecible e incontrolable.

De acuerdo con la interpretación convencional de la física cuántica, sin embargo, no sólo es imposible para nosotros medir la posición y el momento de una partícula simultáneamente con igual precisión, una partícula no posee propiedades bien definidas mientras no interactua con un instrumento de medición.

Aún mas allá, el principio de incertidumbre implica que una partícula nunca puede estar en descanso, porque está sujeta a continuas fluctuaciones aún cuando no se está haciendo ninguna medida, y se asume que esas fluctuaciones no tienen causa alguna. En otras palabras, se cree que el mundo cuántico está caracterizado por un indeterminismo absoluto, ambigüedad intrínseca, y una transgresión absoluta de las leyes comúnmente aceptadas.

Colapsando la función de onda

Un sistema cuántico está representado matemáticamente por una función de onda, la cual es derivada de la Ecuación de Schrodinger.

La función de onda puede ser usada para calcular la probabilidad de encontrar una partícula en un punto determinado del espacio. Cuando se hace una medida, la partícula es encontrada en alguna parte, pero si se asume que la función de onda provee una completa y literal descripción del estado de un sistema cuántico – de acuerdo a la interpretación convencional de la teoría – podría significar que entre las diferentes medidas la partícula se disuelve en “una superposición de probabilidad de ondas” y está potencialmente presente en diferentes lugares en primera instancia.

Entonces, cuando se realiza la segunda medición, se supone que el paquete de onda “colapsa” instantáneamente de una manera misteriosa y al azar, en una partícula localizable nuevamente. Este “colapso” sorpresivo y discontinuo viola la Ecuación de Schrodinger, y tiene mayores explicaciones en la interpretación convencional.

Como el instrumento de medida que se supone que colapsa la función de onda de la partícula está hecho también de partículas subatómicas, parecería que su propia función de onda tendría que haber colapsado por otro instrumento de medición (que podría ser el ojo y cerebro de un observador humano), que a su vez necesita haber sido colapsado por otro instrumento de medida, y así continuamente en una regresión infinita.

De hecho, la interpretación estándar de la teoría cuántica, implica que todos los objetos macroscópicos que vemos a nuestro alrededor existen en un estado objetivo y no ambiguo solo cuando están siendo medidos por un observador. Schrodinger desarrolló un famoso experimento mental para exponer las absurdas implicaciones de esta interpretación.

Supongamos que un gato es encerrado en una caja conteniendo una botella de gas venenoso, una partícula radiactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse en un tiempo dado y un dispositivo tal que, si la partícula se desintegra, se rompe la botella y el gato muere. Después de una hora se puede suponer que el gato puede estar muerto o vivo hasta que alguien abra la caja e instantáneamente colapse su función de onda en un gato muerto o en un gato vivo.

Se han propuesto varias soluciones al “problema de la medida” asociado al colapso de la función de onda. Algunos físicos sostienen que el macro mundo clásico no sufre de la ambigüedad cuántica porque puede almacenar información y está sujeto a la “flecha del tiempo”, mientras que en el mundo cuántico o microscópico se presume que es imposible almacenar información y el tiempo sería reversible. (Pagels, 1983)

Una aproximación mucho mas extravagante es la hipótesis del multiuniverso o multiverso, que reclama que el universo se divide cada vez que se hace una medida, por lo que todas las posibilidades representadas por la función de onda (por ejemplo gato muerto y gato vivo) existen objetivamente pero en universos diferentes. Nuestra propia conciencia también estaría continuamente dividiéndose en diferentes yo que habitarían esos proliferantes mundos no comunicados entre sí.

Otros teóricos especulan que es la conciencia la que colapsa la función de onda y por lo tanto crea la realidad. Desde esta visión, una partícula subatómica no asume propiedades definitivas cuando interactua con un instrumento de medición, sino solo cuando la observación del instrumento de medida es registrada por la mente de un observador (que por supuesto podría ser mucho después que la medición haya sido tomada).

De acuerdo a la versión mas extrema y antropocéntrica de la teoría, solo los seres conscientes de si mismo como nosotros pueden colapsar la función de onda. Esto significa que todo el universo debe haber existido originalmente en “potencial” en algún reino trascendental de la probabilidad cuántica hasta que seres conscientes de sí mismos evolucionaron y colapsaron ellos y el resto de su rama de realidad en el mundo material, y los objetos se mantienen en un estado de realidad si son observados por humanos (Goswami, 1993).

Otros teóricos, sin embargo, creen que entidades no conscientes de sí mismas, incluidos gatos y posiblemente hasta electrones, pueden ser capaces de colapsar sus propias funciones de onda (Herbert, 1993).

La teoría del colapso de la función de onda (o colapso del vector de estado como es llamado a veces) plantea la cuestión de cómo las “ondas de probabilidad” que se piensa que representan la función de onda pueden colapsar en una partícula si no son mas que construcciones matemáticas teóricas.

Desde que la idea de que los paquetes de ondas extendiéndose y colapsando no esta basada en evidencia experimental contundente sino solo en una particular interpretación de la ecuación de onda, es mejor dar una mirada a una de las principales interpretaciones alternativas, la del famoso físico David Bohm y sus asociados, que provee una explicación inteligible de lo que puede estar pasando en el nivel cuántico.

El orden implícito

La interpretación ontológica que hace Bohm de la física cuántica rechaza la suposición de que la función de onda nos da la descripción más completa posible de la realidad, y por lo tanto evita la necesidad de introducir la mal definida e insatisfactoria noción del colapso de la función de onda (y todas las paradojas que vienen con ella).

En su lugar, asume la existencia real de partículas y campos: las partículas tienen una estructura interior compleja y siempre están acompañadas de un campo de ondas cuánticas; estos actúan no solo ante las fuerzas electromagnéticas clásicas sino ante fuerzas sutiles, el potencial cuántico, determinado por el campo cuántico, que obedece a la ecuación de Schrodinger (Bohm & Hiley, 1993; Bomh & Peat, 1989; Hiley & Peat, 1991)

El potencial cuántico lleva información de todo el ambiente y provee una conexión directa y no-local entre los sistemas cuánticos. Guía las partículas en el mismo sentido que las ondas de radio guían un barco en piloto automático, no por su intensidad pero sí por su forma. Es extremadamente sensitivo y complejo, por lo que las trayectorias de las partículas parecen caóticas.

Corresponde a lo que Bohm llama el “orden implícito” que puede ser pensado como un vasto océano de energía en el cual el mundo físico es sólo una onda.

Bohm señala que la existencia de una fuente de energía de este tipo es reconocida, pero tenida en poca consideración, por la teoría cuántica estándar, que postula un campo cuántico universal – el vacío cuántico o el campo punto cero – subyacente al mundo material.

Existe muy poco conocimiento acerca del vacío cuántico actualmente, pero su densidad de energía se estima que es astronómica 10 ^ 108 J/cm3 (Forward, 1996, pp. 328-37).

En su enfoque de la teoría del campo cuántico, Bohm propone que el campo cuántico (el orden implicado) está sujeto a la influencia formativa y organizadora de un potencial supracuántico, que expresa la actividad de un orden superimplicado. El potencial supracuántico causa que las ondas converjan y diverjan una y otra vez, produciendo un comportamiento del tipo promedio en las partículas.

Las formas aparentemente separadas que vemos alrededor nuestro por lo tanto son solo patrones independientes y relativamente estables, generados y sostenidos por un movimiento subyacente incesante de desenvolvimiento y envolvimiento, con partículas constantemente disolviéndose en el orden implicado y luego recristalizandose. Este proceso se produce incesantemente, y con increíble rapidez, y no depende de que se haga una medida.

En el modelo de Bohm, entonces, el mundo cuántico existe hasta cuando no está siendo observado y medido. El rechaza el punto de vista positivista de que algo que no puede ser medido o conocido precisamente no se pueda decir que existe. En otras palabras, el no confunde epistemología con ontología, el mapa con el territorio.

David Bohm
Para Bohm, las probabilidades calculadas desde la función de onda indican las posibilidades de una partícula de estar en diferentes posiciones de acuerdo a como se hace su medición, mientras en la interpretación convencional se explican las posibilidades de que una partícula exista en diferentes posiciones cuando se hace una medida.

El universo está constantemente definiéndose a través de sus incesantes interacciones – de las cuales la medida es sólo una instancia particular – y por lo tanto dejan de surgir situaciones absurdas como el gato muerto.

De ese modo, aunque Bohm rechace la visión que la conciencia humana hace existir el sistema cuántico, y no cree que nuestras mentes normalmente tengan el efecto significativo del resultado de una medida (excepto en el sentido en que elegimos la configuración experimental), su interpretación abre el camino para unos niveles de realidad mucho más profunda, sutil y del tipo mental. Argumenta que la conciencia esta profundamente arraigada en el orden implicado, y por lo tanto está presente en muchos grados en todas las formas materiales.

También sugiere que puede haber una serie infinita de ordenes implicados, cada uno teniendo tanto un aspecto material y un aspecto de la conciencia:

“todo lo material es también mental y todo lo mental es también material, pero hay muchos mas infinitos niveles sutiles de importancia de los que no somos conscientes” (Weber, 1990, p.151).

El concepto de dominio implicado puede ser visto como forma extendida de materialismo, pero, Bohm dice:

“Igualmente puede ser llamado idealismo, espíritu, conciencia. La separación de ambos – materia y espíritu – es una abstracción. El suelo es siempre uno” (Weber, 1990, p.101)

Mente y libre albedrío

El indeterminismo cuántico está claramente abierto a la interpretación: significa tanto causas ocultas (para nosotros) o una completa ausencia de causas.

La posición de que algunos eventos “simplemente ocurren” por ningún tipo de razón es imposible de probar, nuestra inhabilidad de identificar una causa no necesariamente significa que no existe esa causa. La noción de probabilidad absoluta implica que los sistemas cuánticos pueden actuar de forma absolutamente espontánea, totalmente aislada, e influenciada por alguna otra cosa en el universo.

Libre albedrío
El punto de vista opuesto es que todos los sistemas están constantemente participando en una intrincada red de interacciones causales e interconexiones en muchos niveles diferentes. Los sistemas cuánticos individuales ciertamente tienen comportamientos impredecibles, pero si no estuvieran sujetos a ningún factor que sea su causa, podría ser difícil de entender porqué su comportamiento colectivo muestra regularidades estadísticas.

La posición que todo tiene una causa, o mas bien muchas causas, no necesariamente implica que todos los eventos, incluyendo nuestros propios actos y elecciones, son rígidamente predeterminados por procesos puramente físicos – un punto de vista muchas veces llamado “determinismo total” (Thornton, 1989). El indeterminismo en el nivel cuántico provee una apertura para la creatividad y el libre albedrío.

Pero si este indeterminismo es interpretado como el azar absoluto, podría significar que nuestras elecciones y acciones simplemente “saltan” de una manera azarosa y arbitraria, en cual caso difícilmente se podría decir que son muestras elecciones y la expresión de nuestro propio libre albedrío.

Alternativamente, el indeterminismo cuántico puede ser interpretado como la causa para niveles subyacentes no físicos, que causan nuestros actos de libre albedrío – pero por nuestra propia mente consciente de sí misma.

Desde este punto de vista – muchas veces llamado “determinismo blando” – el libre albedrío envuelve autodeterminación y autoconsciencia activas.

De acuerdo con el materialismo científico ortodoxo, los estados mentales son idénticos con los estados cerebrales; nuestros pensamientos y sentimientos, y nuestro sentido del yo, son generados por actividad electromagnética en el cerebro. Esto podría significar que una parte del cerebro activa otra parte, que a su vez activa otra y así sucesivamente, o que una región particular del cerebro es activada espontáneamente, sin causa, y es difícil ver como cual de las dos alternativas provee una base para un yo consciente y con libre albedrío. Francis Crick (1994), por ejemplo, que piensa que la conciencia es básicamente un paquete de neuronas, dice que la sede principal del libre albedrío está probablemente dentro o cerca de una parte del cortex cerebral conocido como el cingulate sulcus anterior, pero que implica que nuestros sentimientos de seres libres es generalmente, si no totalmente, una ilusión.

Aquellos que reducen la consciencia a un subproducto del cerebro están en desacuerdo con la relevancia de los aspectos mecánico-cuánticos del trabajo neuronal; por ejemplo, Francis Crick, el tardío Roger Sperry (1994), y Daniel Dennett (1991) tienen a ignorar la física cuántica, mientras que Stuart Hameroff (1994) cree que la consciencia surge de la coherencia cuántica en microtúbulos dentro de las neuronas del cerebro.

Muchos investigadores ven una conexión entre la consciencia y el vacío cuántico: por ejemplo, Charles Laughlin (1996) argumenta que las estructuras neurales que trabajan con la consciencia podrían interactuar no-localmente con el vacío ( o mar cuántico), mientras Edgar Mitchell (1996) cree que ambas materia y consciencia surgen de la energía potencial del vacío.

El nuerocientífico Sir John Eccles niega el punto de vista materialista como una “superstición”, y defiende una interacción dualista: argumenta que existe un mundo mental en adición al mundo material, y que nuestra mente actúa en el cerebro (particularmente el área motor suplementaria del neocortex) en un nivel cuántico aumentando la probabilidad de disparar neuronas seleccionadas (Eccles, 1994; Giroldini, 1991).

Argumenta que la mente no es solo no física sino absolutamente no material y no substancial.

Sin embargo, si no hubiera ninguna asociación con alguna forma de energía, sería una abstracción pura y por lo tanto imposible de ejercer alguna influencia en el mundo físico. Esta objeción también aplica a los antirreduccionistas que rehuyen la palabra “dualismo” y describen la materia y la consciencia como complementarias o aspectos didácticos de la realidad, aún negando la naturaleza substancialmente energética de la consciencia, lo que implica que es fundamentalmente diferente de la materia y de hecho una mera abstracción.

Una posición alternativa es la que se hace eco en muchas tradiciones místicas y espirituales: la materia física es solo una “octava” en un infinito espectro de materia-energía, o consciencia-substancia, y que como el mundo físico esta mayoritariamente organizado y coordinado por los mundos interiores (astral, mental y espiritual), por lo que el cuerpo físico está totalmente energizado y controlado por cuerpos sutiles o campos de energía, incluyendo un cuerpo astral y un alma. ( ver Purucker, 1973).

De acuerdo con esta visión, la naturaleza en general, y todas las entidades que la componen, están formadas y organizados principalmente desde dentro hacia afuera, desde niveles más profundos de su constitución.

Esta guía interior es muchas veces automática y pasiva, aumentando las funciones de nuestro cuerpo automático y el comportamiento habitual e instintivo, y las operaciones regulares y sometidas a leyes de la naturaleza en general, y muchas veces es activa y consciente de si mismo, como en nuestros actos de intención y volición. Un sistema físico sometido a estas influencias sutiles actúa influenciado tanto desde adentro como desde afuera.

Así como influencian nuestros propios cerebros y cuerpos, podría ser posible también que nuestras mentes afecten otras mentes y cuerpos y otros objetos físicos a la distancia, como se observa en los fenómenos paranormales.

EPR y ESP

Fue David Bohm y uno de sus colaboradores, John Bell del CERN, quienes establecieron las bases para los experimentos EPR realizados por Alain Aspect en 1982 (el experimento mental original fue propuesto por Einstein, Podolsky y Rosen en 1935 – Ver “Einstein se equivocó” en este mismo blog).


Estos experimentos demostraron que si dos sistemas cuánticos interactuan y después se separan, su comportamiento está correlacionado en una manera que no puede ser explicada en términos de señales viajando entre ellos a una velocidad igual o menor que la velocidad de la luz.

El fenómeno es conocido como no-localidad, y está abierto a dos interpretaciones principales:

  • Significa una acción inmediata e instantánea a distancia
  • O involucra señales más rápidas que la luz
Si las correlaciones no locales son literalmente instantáneas, deberían efectivamente ser no causales; si dos eventos ocurren en forma absolutamente simultánea, “causa” y “efecto” podrían ser indestinguibles, y no se podría decir que uno es la causa del otro a través de la transferencia de una fuerza o energía, porque ninguna transferencia podría ser realizada en forma infinitamente rápida.

Por lo tanto no habría una explicación causal para un mecanismo de transmisión, y cualquier investigación sería confinada a las condiciones que permiten que eventos correlacionados ocurran en diferentes lugares.

Es interesante notar que una vez se pensó que la luz y otros efectos electromagnéticos eran transmitidos instantáneamente, hasta que la evidencia de las observaciones probaron lo contrario. La hipótesis de que las conexiones no-locales son absolutamente instantáneas es imposible de verificar, ya que requeriría dos medidas perfectamente simultáneas, que podrían demandar un grado infinito de exactitud. Sin embargo, como David Bohm y Basil Hiley (1993, pp. 293-4, 347) han señalado, podrían ser probadas experimentalmente.

Si las conexiones no-locales son propagadas a una velocidad inferior al infinito pero a velocidades mayores a las de la luz a través del ´eter cuántico” – un dominio subcuántico donde la teoría cuántica actual y la teoría de la relatividad se rompen – las correlaciones predichas por la teoría cuántica podrían desaparecer si las medidas fueran hechas en períodos menores que aquellos requeridos para la transmisión de las conexiones cuánticas entre las partículas. Estos experimentos están mas allá de las capacidades de la tecnología actual pero podrían ser posibles en el futuro. Si existen las interacciones superlumínicas, podrían ser no-locales solo en el sentido de no físicas.

La no-localidad ha sido invocada como una explicación para la telepatía y clarividencia, aunque muchos investigadores creen que deberían envolver un nivel mas profundo de no-localidad, o lo que Bohm llama “super no-localidad” (tal vez similar a la “resonancia mórfica” de Sheldrake (1989).

Como ya ha sido señalado, si la no-localidad es interpretada en el sentido de conectividad instantánea, implicaría que la información podría ser “recibida” a la distancia en el momento exacto en que es generada, sin sufrir alguna forma de transmisión. Como mucho, se podría entonces tratar de entender las condiciones que permiten la aparición instantánea de información.

La posición alternativa es que la información – que es básicamente un patrón de energía – siempre tiene tiempo para viajar desde su fuente hasta otra ubicación, esta información está almacenada en un nivel parafísico, y que se puede acceder a dicha información, o intercambiar información con otras mentes, si existen las condiciones necesarias de “resonancia simpática”. Lo mismo que en EPR, la hipótesis de que la telepatía es absolutamente instantánea es improbable, pero debería ser posible establecer experimentos que puedan probarlo.

Si el fenómeno ESP involucra formas sutiles de energía viajando a velocidades finitas pero superlumínicas a través de reinos suprafísicos, debería ser posible detectar una demora entre la transmisión y la recepción, y además una debilitación del efecto a través de largas distancias, aunque es evidente que cualquier atenuación debe ser mucho menor a la experimentada por la energía electromagnética, que está sujeta a la ley del cuadrado inverso.

Para la precognición, la tercera categoría principal de la ESP, una posible explicación es la que involucra un acceso directo y no-local al futuro actual. En forma alternativa, podría involucrar una percepción clarividente de un escenario futuro probable que está comenzando a tomar forma sobre la base de las tendencias e intenciones actuales, de acuerdo con la idea tradicional que los eventos futuros proyectan sus sombras previamente.

Bohm dice que esta prefiguración tiene lugar “muy profundo en el orden implicado” (Talbot, 1992, p.212) lo que algunas tradiciones místicas podrían llamar el astral o reino akashico.

Psicokinesis y el mundo invisible

La micro psicokinesis implica la influencia de la conciencia en las partículas atómicas. En ciertos experimentos de micro-PK realizados por Helmut Schmidt, algunos grupos de sujetos pudieron alterar las probabilidades de los eventos cuánticos desde el 50% hasta entre el 51 y 52%, y algunos individuos llegaron a mas del 54% (Broughton, 1991, p.177).

Los experimentos en el Laboratorio PEAR de la Universidad de Princeton han dado un pequeño cambio de una parte en diez mil (Jahn & Dunne, 1987). Muchos investigadores han invocado la teoría del colapso de la función de onda por la consciencia para explicar tales efectos. Se argumenta que en micro-PK, en contraste con la percepción ordinaria, el sujeto observador ayuda a especificar como será el resultado del colapso de la función de onda, tal vez por medio de algún tipo de proceso informacional (Broughton, 1991, pp. 177-81).

Eccles sigue una aproximación similar para explicar como nuestras mentes actúan en nuestros propios cerebros. Sin embargo, el concepto de colapso de la función de onda no está esencialmente explicado en la interacción mente-materia. Podemos adoptar igualmente el punto de vista de que las partículas subatómicas parpadean sin cesar dentro y fuera de la existencia física, y que el resultado del proceso es modificable por nuestra voluntad – una fuerza física.

La macro-PK implica el movimiento de objetos estables, normalmente inmóviles mediante un esfuerzo mental. Los fenómenos relacionados incluyen la actividad poltergeist, materializaciones y desmaterializaciones, teletransportación y levitación.

Aunque una impresionante cantidad de evidencia de estos fenómenos ha sido reunida por investigadores en los últimos ciento cincuenta años (Inglis, 1984, 1992; Milton, 1994), macro-Pk es un área tabú, y atrae poco interés a pesar de, o tal vez a causa de, su potencial de derrocar el actual paradigma materialista y revolucionar la ciencia.

Este fenómeno claramente implica mucho mas que alterar el comportamiento probabilístico de las partículas atómicas, pero puede ser visto como evidencia para fuerzas, estados de la materia, y entidades no físicas vivientes desconocidas para la ciencia. La confirmación de que estas cosas existen podría proveer una posterior indicación que dentro de la íntima unidad de la naturaleza existe una diversidad infinita.

La posible existencia de planos sutiles interpenetrando el plano físico esta siendo investigado rápidamente ( ver Tiller, 1993), y esto es mas de lo que puede ser dicho para las hipotéticas dimensiones extra postuladas por la teoría de las supercuerdas, que se suponen acurrucadas en un área de un billón-trillón-de trillones de centímetro y por lo tanto completamente inaccesible, o la hipótesis de “universos bebes” y “universos burbuja” postuladas por algunos cosmólogos, que han predicho su existencia en otras “dimensiones” inaccesibles.

La hipótesis de reinos suprafísicos no parece ser favorecida por muchos investigadores. Edgar Mitchell (1996), por ejemplo, cree que todos los fenómenos físicos implican resonancia no-local entre el cerebro y el vacío cuántico, y consecuentemente acceso a información holográfica no-local.
Imágenes oníricas de Salvador Dalí

Desde este punto de vista, esta hipótesis puede explicar no solo PK y ESP, sino también experiencias fuera del cuerpo y experiencias cercanas a la muerte, visiones y apariciones, y evidencia usualmente citada a favor de la reencarnación de las almas. Mitchell admite que la teoría es especulativa, no validada, y puede requerir de una nueva física.

Estudios experimentales posteriores de los fenómenos relacionados con la consciencia, tanto normales como paranormales, podrían con suerte permitir que sean testeadas varias teorías enfrentadas.

De estas investigaciones podría depender nuestro conocimiento de cómo trabajan tanto el reino cuántico como nuestras mentes, y la relación entre ellos, e indicar si el vacío cuántico realmente es el nivel mas bajo de toda la existencia, o si existen reinos de la naturaleza más profundos que esperan ser explorados.

por David Pratt
Extraído de: http://www.scientificexploration.org