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martes, 6 de diciembre de 2011

CELAC: Un nuevo paso para la integración latinoamericana

Declaración fundacional del CELAC


Foto familiar de los jefes de estado de América Latina y el Caribe en la I Cumbre del CELAC
 Sin dudas que hay que saludar con entusiasmo la creación de este nueva ámbito de integración que abarca, por primera vez en la historia, a todas las naciones americanas excepto Estados Unidos y Canadá.

La pregunta que nos deberíamos hacer es la siguiente: ¿Está destinada la CELAC a ser el único organismo de integración real de las Américas, o simplemente se va a convertir en una hermosa declaración de sueños y quejas, deporte favorito de las clases políticas de Latinoamérica en los últimos doscientos años?

Es muy difícil contestar a esta pregunta cuando estamos a las puertas de un nuevo orden mundial que va a marcar a los seres humanos por lo menos en los próximos doscientos años de la vida del planeta que habitamos. Si observamos los últimos acontecimientos en perspectiva, vemos que la globalización sigue su marcha impertérrita y no es afectada por las numerosas y profundas crisis por las que atraviesa nada menos que lo que estamos acostumbrados a llamar primer mundo o mundo desarrollado.

Algunos estiman que estos largos años de crisis económica afectando a los sectores de mejor nivel de vida del planeta son producto de una manipulación del sistema económico global con la doble finalidad de expoliar a los habitantes del primer mundo de sus ahorros mediante períodos de inflación duraderos, explosión de burbujas hipotecarias – es decir cuando usted invierte su dinero, y aún mas, hipoteca su futuro con préstamos amortizables en veinte o treinta años para comprar una casa y de un día para el otro ese bien inmueble pasa a valer la mitad de lo que pagó por él – y pérdida de ahorros en caóticas corridas bursátiles que desquician al individuo común que apuesta su futuro económico en los diversos instrumentos financieros disponibles. El segundo objetivo que perseguirían los siniestros operadores en la sombra sería generar las condiciones mentales adecuadas para el desembarco de las primeras reglas explícitas de dominación mundial. Los golpeados habitantes del primer mundo, después de tantos años de escasez, desempleo e incertidumbre económica, recibirían de buen grado un “salvador” que mediante pocas pero estratégicas reglas restaurará el orden a cambio de entregar a manos de organismos internacionales parte de las libertades individuales y de los estados soberanos. Esta estrategia de dominación no es nueva para la humanidad que ya la ha sufrido muchas veces a lo largo de la historia. La novedad es que por primera vez se utilizaría a escala planetaria y habría que ver hasta donde podría llegar apalancada en el hecho de que por primera vez el nuevo modelo será único para todo el planeta, sin competencias, algo que nunca se dio en la historia. En anteriores ocasiones, a la larga, el desgaste provocado por la confrontación con otros bloques y aún la comparación con los niveles de vida de los otros bastaron para minar los sistemas, como por ejemplo en el modelo implantado en la fallecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas del siglo pasado.

La historia vuelve a repetirse

La integración americana es un viejo sueño que se remonta a los pensadores ilustrados del siglo XVIII. Tuvo su primera expresión en el pensamiento de los próceres de la independencia latinoamericana donde resaltan nombres como Bolívar y Martí. En la entonces Banda Oriental destacan también las ideas integradoras y federales de José Gervasio Artigas, prócer del Uruguay, cuya ideario federal y vocación latinoamericanista es todavía válida en nuestros días.

Sin embargo los primeros intentos reales de dicha integración surgen recién en el siglo XX, a partir de la segunda guerra mundial, y debido a dos causas principales: la polarización de las naciones en dos bandos que comienzan un largo conflicto por la supremacía, la llamada guerra fría, que duró casi cuarenta años y ocupó la casi totalidad de la segunda mitad del siglo arrastrando a todos los moradores del planeta; y la toma de conciencia de las naciones latinoamericanas de la necesidad de neutralizar de algún modo la todopoderosa influencia del gobierno de los Estados Unidos que consideraba a esta región del mundo como su “patio trasero” donde podía imponerse a sangre y fuego según le dictaban sus necesidades del momento.

Unámonos primero en pos de nuestros anhelos económicos, en pos del mercado común y después podremos ir superando las barreras aduaneras, y algún día las barreras artificiales habrán desaparecido. Que en un futuro no muy lejano nuestros pueblos puedan abrazarse en una América Latina unida y fuerte. Ello será un gran paso de avance hacia la unión política futura, como fue el sueño de nuestros antepasados.


Fidel Castro en Montevideo en 1959

Uno de los factores aglutinantes de los esfuerzos de la integración económica se creó en México en 1951 en el marco de la recientemente creada Organización de las Naciones Unidas (ONU), que favoreció la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo que se convirtió no sólo en el principal centro generador de teorías sobre el desarrollo de la región, sino además en plataforma para la implementación de políticas económicas encaminadas al mismo fin. La CEPAL tuvo mayoritariamente un papel de racionalización que ayudó a una integración económica de las naciones, y acompañó el tránsito desde el viejo modelo de sustitución de importaciones hacia un modelo mas liberal –llamado neoliberal por algunos- donde se pudiera acelerar los procesos de intercambio económicos y maximizar el crecimiento de la región.


ALALC

En febrero de 1960, surge la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) que inicialmente agrupó a Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

El planteo para su creación fue la eliminación del bilateralismo mercantil, dando marco a una integración de muchos con muchos, eliminando aranceles y otras restricciones aduaneras mediante la elaboraron de dos listas de productos, una común y otra nacional. La común tendría carácter definitivo y en la nacional cualquier país podía pedir la revocación de las concesiones hechas a los demás integrantes del bloque.

Las numerosas cláusulas de escape previstas para los productos agrícolas y la no inclusión de nuevos productos a las listas de aranceles comunes, favorecieron a los integrantes más industrializados y poderosos. Las cifras indican que el comercio interzonal se duplicó hasta 1965, pero el 79% de las exportaciones manufactureras dentro de la ALALC eran realizadas por países como México, Brasil y Argentina, que también eran los más favorecidos por las inversiones extranjeras, mientras que en los menos industrializados predominó un déficit comercial en los intercambios dentro del bloque.

La falta de condiciones políticas y económicas de los Estados Latinoamericanos, las continuas crisis económicas, la dependencia de los países desarrollados, las crisis de la deuda externa, conspiraron para que a finales de los años setenta se pusiera fin al primer sueño consistente de lograr una integración económica al estilo europeo.

La rueda sigue girando

A raíz de las grandes asimetrías que la ALALC no pudo disimular, varios de los países del sector del pacífico se unieron en el llamado Pacto Andino – integrado por Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y Colombia - que tenía como objetivo propiciar que sus integrantes llegaran a competir con los de mayor desarrollo relativo dentro de la asociación. Se buscaba lograr mediante la integración subregional una industrialización más equitativa e incluso crear empresas multinacionales.

Otros intentos integracionistas se realizan en 1970 con la firma del Tratado de Managua agrupando a El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua. Su meta era establecer en el plazo de 5 años un mercado común (Mercado Común Centroamericano) para impulsar el crecimiento fabril mediante la sustitución de importaciones, aunque dicho proceso no implicaba la exclusión de capitales foráneos pues la industrialización de los países del área tenía poca importancia.

En mayo de 1968 se forma la Asociación de Libre Comercio del Caribe (ALCC), cuyos miembros eran Guyana, Jamaica, Trinidad y Tobago y 7 territorios bajo régimen autonómico. Su objetivo era expandir y diversificar el intercambio mercantil, estimular el desarrollo equilibrado de los países miembros y dar un trato especial a los de menor desarrollo relativo.

En 1980 se produce la primera ronda de negociaciones de la llamada Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), organismo llamado a sustituir a la ALALC, donde por primera vez se incorpora a Cuba. Este intento se ve desestimulado desde el comienzo por la falta de apoyo de diversos países clave, las tremendas asimetrías económicas entre los participantes que no cuentan con mecanismos de compensación adecuados y el desarrollo de la crisis económica de la década de los 80 que desemboca en el problema de la deuda externa que obliga a ajustes estructurales en las economías de los países latinoamericanos.

Sobre fines de la década, y como consecuencia de la vuelta a la democracia en Brasil y Argentina, se sientan las bases para que surgiera entre estos países – a los que posteriormente se sumaron Paraguay y Uruguay – del Mercado Común del Sur (MERCOSUR - en guaraní se llama Ñemby Ñemunha-). Luego de un notable incremento en los tratados bilaterales entre los países integrantes en el marco de la ALADI -Uruguay tenía firmado con Brasil el Protocolo de Expansión Comercial (PEC) y con Argentina el Convenio Argentino Uruguayo de Cooperación Económica (CAUCE)-, y a favor de una fuerte intención política de integración, se firma el Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991 que puede tomarse como el paso decisivo donde se sentaron las bases para la creación del bloque económico. El MERCOSUR funciona mejor que sus antecesores ya que promueve una simultánea apertura arancelaria y una reducción en las listas de productos exceptuados del intercambio regional sin aranceles, lo que desemboca en un rápido crecimiento del intercambio regional. El incremento de la dinámica de los flujos de capital dentro de la asociación y un marcado crecimiento de la inversión extranjera que apunta a un poderoso mercado de mas de doscientos millones de habitantes y una significativa porción del PIB mundial, han promovido el desarrollo de los sectores automotriz, alimentario, petroquímico y textil fundamentalmente.

El modelo aparentemente exitoso del MERCOSUR atrajo a algunos países que pidieron su integración – Chile, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú – y que la han obtenido generalmente en la condición de Estado Asociado.

Enunciado del Tratado de Asunción del 26 de marzo de 1991.


La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración.

La crisis económica del principio del siglo XXI, las siempre presentes asimetrías económicas entre los estados miembros, el surgimiento de diversas políticas proteccionistas e inconvenientes prácticos de todo tipo han conspirado para que veinte años después de la conformación oficial del bloque todavía no se hayan alcanzado sus aspiraciones.

¡Suba la apuesta!

¿No bastaba el MERCOSUR, con un adecuado cambio de nombre para hacerlo inclusivo a las demás naciones del continente “no contaminadas” por el gigante del norte, para sumar en el avance de la integración regional?

Pues parece que no. Seguramente los desmedidos personalismos de nuestros beneméritos presidentes necesitaban algo más fastuoso, más altisonante acorde a sus espléndidas y renovadas figuras.

A caballo de una década de condiciones económicas sin antecedentes en los últimos cincuenta años, con un alza mundial sostenida en los precios de referencia de las materias primas, por primera vez los indicadores de la CEPAL muestran que América Latina está bajando los escandalosos índices de pobreza y miseria que nos agobiaban y esto de alguna manera da cierta libertad a los presidentes latinoamericanos para dedicar gran parte de su tiempo en reuniones de carácter social-político. El recelo y la demora de algunos parlamentos de los países integrantes del MERCOSUR en ratificar el ingreso de Venezuela al acuerdo, recelo centrado seguramente en su pintoresco y poco previsible líder Hugo Chávez, la megalomanía de alguno de los líderes mas destacados de América del Sur, acunaron la llamada Comunidad de Naciones Suramericanas, que vino a este mundo de la mano de la “Declaración de Cuzco”, firmada por doce presidentes latinoamericanos el 18 de diciembre de 2004.

Este nuevo engendro se nutrió y alimentó en las Cumbres de Brasilia (2005) y Cochabamba (2006) y tuvo una mutación a su actual nombre de Unidad de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la cumbre realizada el 17 de abril de 2007 en la Isla Margarita. Como se puede notar, el mecanismo elegido para dinamizar la integración es la modalidad de Reuniones Cumbre anuales para impedir que el movimiento se detenga y que en la práctica es un continuo ir y venir de presidentes y comitivas a lo largo y ancho de la América del Sur.


El pequeño monstruo, favorecido por estos encuentros veraniegos en distintas capitales y fastuosos lugares turísticos del continente, continuó su marcha triunfal y desemboca en la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) mediante la sesión de la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe, en Playa del Carmen – México.

Con el objetivo de crear un “espacio regional propio que una a todos los estados”, continuar con las reuniones del Grupo de Río y para hacer frente a la crisis mundial que afecta a los países desarrollados y que amenaza con envolver también a la América Latina, se ratifica este espacio en la I Cumbre de la CELAC, realizada en Caracas – Venezuela. Treinta y tres jefes de Gobierno que representan a 550 millones de habitantes y a un territorio de veinte millones de kilómetros cuadrados firman la declaración. El mundo debería tomar muy en serio este nacimiento….

No te creo nada

El alumbramiento y ratificación de la CELAC parece ser mas de lo mismo. Al menos habrá que esperar un tiempo prudencial y ver cuales son sus resultados contantes y sonantes.

Hay cosas que no están claras.

México forma parte del TLCAN, tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana tienen vigente un tratado de libre comercio con los Estados Unidos (DR-CAFTA), y otros tratados con Canadá y México a través del CARICOM.

También Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela tienen su propio bloque, llamado en este caso la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos.

La I Cumbre cerró con altisonantes declaraciones reunidas en un Plan de Acción –bajo los principios de flexibilidad y participación voluntaria- y un documento adicional con los procedimientos del mecanismo.

Se contempla crear “herramientas para la mejora del financiamiento del comercio intrarregional", así como "fortalecer capacidades internas, con políticas de mantenimiento de sólidas políticas fiscales y monetarias".

Los líderes se comprometieron a "fortalecer los mecanismos financieros regionales y subregionales y a reconocer los avances de los sistemas binacionales y regionales de compensación de pagos, créditos y financiamiento transitorio".

Otro objetivo es disminuir la "brecha de infraestructura" que caracteriza a la región, así como aumentar el crecimiento económico, mejorar el desarrollo social y reducir la pobreza.

En la entrelineas de todas estas declaraciones de intención para la posteridad y la foto familiar, hubo tiempo también para que los presidentes de Ecuador – Rafael Correa – y Panamá – Ricardo Martinelli – criticaran a los medios de información denunciando el "abuso descarado del poder informativo para someter a los Gobiernos que no actúan en función de sus intereses". También tomó la palabra el presidente de Bolivia – Evo Morales – para defender y pedir a la comunidad de naciones que lo apoye en su reclamo a Chile por la salida al mar perdida por Bolivia en ocasión de la guerra entre ambos países de finales del siglo XIX. Curiosamente este reclamo público se hace al actual presidente Sebastián Piñera uno de los pocos jefes de estado que no integran la izquierda latinoamericana y nunca se hizo sentir cuando Michelle Bachelet regía los destinos de la nación del pacífico.

José Mujica, el pintoresco y mediático presidente del Uruguay, se presentó en la Cumbre ataviado con una chaqueta del ejército venezolano. Seguramente esta estrategia persigue la intención de acaparar cámaras y generar comentarios sobre Uruguay por parte de la prensa internacional que, en acontecimientos tan numerosos y con tanta resonancia, suele ignorar la participación del pequeño país. Deslumbrado por la masiva concurrencia de jefes de estado, ataviado con la campera verde del ejército venezolano, impulsado por el carácter histórico del momento, el anciano conductor de los orientales calificó el nacimiento de la Comunidad como un paso para la “segunda independencia” de América durante su discurso en la inauguración del novel organismo. Seguramente no observó que la propia historia le estaba haciendo señas y se carcajeaba desde siglas como ALALC, PACTO ANDINO, ALCC, ALADI, MERCOSUR y UNASUR. En su propio país todavía quedan los ecos de la tremenda competencia por el ingreso de capitales extranjeros entre el Uruguay y la Argentina, que llevó a esta última a denunciar un emprendimiento finlandes para fabricar pulpa de celulosa en el tribunal de la Haya, y mantuvo cortado un puente internacional impidiendo la circulación entre ambos países durante años. No hace muchos meses que su colega, el ex presidente Tabaré Vazquez confesó que temiendo algún “endurecimiento” de la política argentina había recurrido nada menos que a George Bush buscando respaldo, y el propio gobierno que él preside se rasgó las vestiduras cuando el jefe de estado francés, Nicolás Sarkozy, incluyera al Uruguay en una violenta diatriba contra los paraísos fiscales mandatado, según se supo después, por la República Argentina nada menos. Por mas que los ayes y los estridentes gritos de distintos actores del gobierno uruguayo se hicieron oír plañideramente, no hubo ni siquiera una declaración de apoyo de sus colegas del MERCOSUR, y ante el deambular incesante de Mujica por América buscando “un palenque ande ir a rascarse “ solo se oyó a Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México, salir en su defensa.

Con semejante marco regional, esta declaración de Caracas pasa a ser también un doloroso nuevo acto del drama latinoamericano que nos ha enfrentado en guerras fratricidas, generado mezquinos reclamos, empujado hacia la miseria de nuestros pueblos mientras megalómanos ansiosos de poder acuñan sigla tras sigla y entonan discursos altisonantes buscando encandilar a las nuevas generaciones.

Basados en la trágica historia latinoamericana de integración y hasta que no se demuestre lo contrario, esta nueva sigla CELAC se inscribe dentro de la etiqueta “No te creo nada”.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Salsipuedes - Genocidio de la nación Charrúa

   "Venía
     no se sabe de donde.
     Usaba vincha como el benteveo,
     y penacho como el cardenal. 
    Si no sabía de patrias sabía de querencias
  .............................................
                                
     No sabía reír ni sabía llorar;
     bramaba en la pelea como los pumas
     y moría sin ruido, cuando mucho
     con un temblor de plumas,
     como mueren los pájaros"
          
                       Fernán Silva Valdes

Poco se habla, poco se esucucha sobre la “Matanza de Salsipuedes”. Nada casual, había que borrarlo, era necesario olvidarlo.

Cómo se iba a dar a conocer aquella emboscada; donde el General Fructuoso Rivera diera la órden, apretando el gatillo en la cabeza de Sepe, junto a sus tropas, de exterminar a la nación Charrúa. Asesinando hombres mujeres y niños.

Pero no se habla, no se recuerda. Sin embargo la “memoria” de quienes si lo supieron escuchar, lo sufre, lo recuerda año a año. Fue hace cuatro años que escuché una docente decir, que nuestro pueblo no solo tiene desaparecidos de la dictadura sino que nuestros primeros desaparecidos fueron los Charrúas. Esa frase fue suficientemente movilizadora para comenzar un camino de aprendizaje, de concientización, de una búsqueda respetuosa hacia nuestras raíces.

Como docente de primaria intento acercar la historia desde ese lugar, dejando una chispa.

Este año junto a un grupo indigenista tuvimos la suerte de acampar a orillas del “Arroyo Salsipuedes” dentro del monte; ubicado en el departamento de Tacuarembó. Compartimos la historia alrededor de un fogón, recorrimos el lugar, nos bañamos en las aguas del arroyo, supimos disfrutar el encontrarnos y a su vez respetar ese lugar sagrado.

Estando allí fue más sencillo comprender los hechos, la estrategia del General Rivera, la manera de descartar los cuerpos. Es muy movilizante ver los “pasos” del arroyo por donde cruzaron las tropas, la espesura de ese monte rodeado de campo abierto donde era imposible que quienes pudieron escapar no fueran encontrados.


Además caminar por “El Potrero” lugar donde desensillaron los caballos aquél 11 de abril. Pararse frente a la laguna y contemplar los camalotes que florecen sobre los restos de aquellos pobladores.

Comprendemos que no siempre se puede vivir la historia desde el mismo escenario por razones obvias. Sin embargo, los medios de comunicación y el boca en boca nos permiten mantener viva la conciencia del Genocidio Charrúa.

                                                                                       Leticia Alcalá Rubí

martes, 21 de septiembre de 2010

La Triple Infamia

                                                                        ¡Llora, llora urutaú
en las ramas del yatay,
  ya no existe el Paraguay
donde nací como tú !
                         Carlos Guido y Spano

Esta historia constituye, sin dudas, la cúspide del drama latinoamericano. Personifica en América de Sur el mayor genocidio de un pueblo sólo superado por el exterminio de los indígenas nativos producto del choque de dos culturas asimétricas, la blanca europea y la raza americana.

La llamada Guerra de la Triple Alianza fue, como casi todas las guerras, impulsada por razones políticas y de hegemonía continental. Soportada por capitales ingleses, culminó como una inmensa fiesta de rapiña contra un pueblo trabajador y ejemplar. No se puede catalogar en modo alguno como parte del enfrentamiento entre la civilización y la barbarie que fue la constante del siglo XIX, donde los representantes de la cultura y la civilización al estilo europeo combatían a los restos de las culturas indigenas y el estilo caudillesco tan extendido en nuestras tierras. El Paraguay era un nación civilizada al mejor estilo de cualquiera de las naciones americanas. Su único pecado consistía en haber buscado un camino propio, especial, alejado de la vergonzosa tutela de las naciones europeas que desplegaban sus artes diplomáticas y militares buscando imponer su condición de potencias coloniales omnipresentes y omnipotentes.

La historiografía de la segunda mitad del siglo XX tuvo en su foco la reivindicación del papel del Paraguay a mediados del siglo XIX en América. Creemos que es exagerado decir que era la nación mas avanzada del continente. No debemos confundir algunos destellos de modernidad, fruto del voluntarismo de sus dirigentes con los avances tecnológicos fundados en políticas industriales que den real soporte a tales adelantos. Es cierto que el país tenía la primera línea ferroviaria, los primeros telégrafos y la primera fundición de hierro de Sudamérica, pero todos estos adelantos habían sido comprados en Europa aprovechando los inmensos recursos de los que disponía Carlos Antonio López, dictador del Paraguay, y no habían surgido como producto de una madurez como nación. Si bien la educación básica, fruto de los desvelos del presidente, era gratuita y obligatoria, no existía una educación técnica que justificara el liderazgo industrial del país, y la casi totalidad de los pequeños emporios comprados en el viejo continente eran manejados por especialistas también venidos del continente europeo.

Vamos a examinar brevemente los hechos para dar contenido a nuestras afirmaciones. Les proponemos bucear en los últimos quinientos años de la historia, período fecundo donde vieron la luz las jóvenes naciones americanas que se han constituido en conductores de los destinos de la humanidad.

Tratado de San Ildefonso
Luego del descubrimiento de América comenzó una carrera entre Portugal y España por las riquezas que prometía el nuevo continente. Pedro Alvarez Cabral, comisionado de la corona de Portugal, descubre el Brasil en 1500 y el reino luso amenaza con extender sus dominios hasta el Río de la Plata. Alarmado por estas noticias y acicateado por historias provenientes de los nativos que hablaban de inmensas riquezas disponibles en el centro del continente, Carlos I por ese entonces rey de Castilla, acepta el ofrecimiento de don Pedro de Mendoza acaudalado hombre de negocios que propone una expedición de conquista al Atlántico Sur financiada con su propio patrimonio. El soberano acepta el ofrecimiento de Mendoza en 1534 y lo nombra comandante militar de la zona a conquistar invistiéndolo con el título de Primer Adelantado. La expedición de Mendoza funda en 1536, sobre la margen derecha del Rio de la Plata, un puerto protegido por dos primitivos fuertes al que llama Santa María del Buen Ayre. El novel emprendimiento tiene corta duración y en diciembre del mismo año es atacado y destruido por los indios querandíes, escapando Mendoza y algunos de los suyos hacia el norte, donde fundan un fuerte al que llaman Sancti Spiritu en la actual provincia de Santa Fé. Desde allí parte una expedición al mando de Juan de Ayolas para intentar por vía fluvial el acceso a las riquezas del Perú. Ayolas encuentra serias dificultades con el clima y con los indios y recibe el apoyo de una expedición al mando de Juan de Salazar quien el 15 de agosto de 1537 funda Nuestra Señora de Santa María de la Asunción.

Las tribus guaraníes, deslumbradas por los caballos y las armas de los conquistadores, intentaron establecer lazos familiares con los europeos ofreciéndoles sus mujeres. De estas uniones salieron los primeros mestizos de la parte sur de América, y contrariamente a otros lugares, estos hijos de dos razas fueron aceptados como españoles. Sucesivos gobernantes vieron con buenos ojos y favorecieron estas uniones que dieron el sello distintivo al Paraguay colonial y marcaron para siempre la raza mestiza que floreció en el corazón del nuevo continente.

Asunción del Paraguay, conocida como Madre de Ciudades, fue el punto de partida para la colonización de la cuenca del Plata. De su seno partieron los fundadores de Buenos Aires (por segunda vez ya que había sido destruida), Corrientes, Santa Fé, Concepción del Bermejo, Santa Cruz de la Sierra, Santiago de Jerez, y Ciudad Real. Con el tiempo el eje de las actividades económicas se fue trasladando al puerto de Buenos Aires que se constituyó en el centro de la comunicación con la metrópoli, proceso que culminó con la fundación del Virreinato del Río de la Plata, quedando Asunción y la provincia del Paraguay relegada a un segundo plano.

Los comienzos del siglo XIX vieron precipitarse los acontecimientos en América del Sur. En 1806 y 1807 se producen las invasiones inglesas que ocupan gran parte de la Banda Oriental y de Buenos Aires. Desde Asunción se enviaron tropas para colaborar en la victoria contra los atacantes. En mayo de 1810 llega la noticia que los ejércitos de Napoleon Bonaparte ocuparon España. La reacción en América es imitar a las juntas de gobierno que se hacen en España para resistir al invasor. En Buenos Aires se va mas allá y se convoca a un congreso de todas la provincias del Virreinato para discutir la independencia. En Paraguay el gobernador realista de Asunción, Bernardo de Velasco, anuncia la separación de la Provincia del Paraguay del Virreinato del Río de la Plata, jurando el 24 de junio de 1810 fidelidad a la monarquía de Fernando VII.

25 de mayo de 1810
La Primera Junta independiente de Buenos Aires decide enviar un ejército al mando del General Manuel Belgrano a libertar al Paraguay del poder de la corona española. El gobernador Velasco, fiel a las cortes españolas, confió las tropas paraguayas al mando del coronel Manuel Atanasio Cabañas que se enfrentó y venció al ejercito porteño en las batallas de Paraguarí el 19 de enero y Tacuarí el 9 de marzo de 1811. Este fue el bautismo de fuego de los soldados paraguayos que todavía no habían entrado en batalla y mostraron su valor y su determinación a enfrentarse al poder centralista de Buenos Aires.

Como consecuencia directa del enfrentamiento con Belgrano varios destacados militares que habían participado de los hechos bélicos inician el movimiento revolucionario paraguayo. Liderados por Pedro Juan Caballero y Fulgencio Yegros en lo militar y con el apoyo político de varias personalidades, intiman al Gobernador Velazco a unírseles y el 14 de mayo de 1811 inician un gobierno independiente. En poco menos de un mes Velazco es destituido y, luego de un proceso en que se suceden distintos integrantes de la junta gubernativa, finalmente un congreso reunido el 3 de octubre de 1814 concede el título de Dictador Supremo de la República del Paraguay por un período de 5 años a don José Gaspar de Francia. En este momento la república ingresa en un período crucial de su vida. En sucesivas instancias en estos años las elites Asunceñas habían chocado con las Porteñas por lo que no se había logrado un acuerdo para que el Paraguay se integrara a las Provincias Unidas del Rio de la Plata. El Paraguay iniciaba su camino solitario prescindiendo del resto de las naciones de América del Sur. Gaspar de Francia, conocido como “El Supremo”, toma las riendas de todos los poderes del gobierno y empuja al país a un aislamiento casi total que dura hasta el año 1840 en que el Dictador Supremo fallece dejando a su muerte un caos sucesorio.

De las distintas facciones que se disputan el poder luego de la muerte de Gaspar de Francia emerge el doctor en leyes Carlos Antonio López quien, al mejor estilo paraguayo, se convierte también en dictador de su pueblo. Sin embargo López se muestra un gran estadista. Impulsa por todos los medios de que dispone la modernización del país. Construye escuelas públicas intentando que el pueblo paraguayo abrace la cultura. Envía grupos de jóvenes prometedores a Europa donde el estado paga una costosa educación a los que serían los futuros conductores del pueblo paraguayo. En materia política López, receloso de las potencias vecinas, impulsa y proclama la independencia del Paraguay. Esta postura lo lleva a chocar en varias ocasiones con Juan Manuel de Rosas, dictador argentino. Rosas sostenía que un Paraguay independiente de las Provincias Unidas debilitaba a ambos y daba ventajas a las potencias imperialistas vecinas y extranjeras.

Francisco Solano López
En 1862 muere Carlos López y lo sucede en el poder su hijo mayor, Francisco Solano López. Francisco Solano recibió desde su juventud una educación destinada a convertirlo en el conductor de su pueblo. Se inició en la vida militar muy joven y ya a los diecinueve años de edad es nombrado Coronel del ejército paraguayo. Su visión geopolítica de los acontecimientos que se desarrollan en América por esos años difiere de la de su padre: el nuevo presidente paraguayo sueña con la gloria y prepara militarmente a su país para ocupar un lugar preponderante en el delicado equilibrio del poder de la cuenca del Plata. Su oportunidad llega cuando el Brasil envía al gobierno blanco del Uruguay un ultimátum que exige la inmediata reparación de un supuesto caso de abigeato. Las tropas brasileñas, al mando del general José Luis Mena Barreto, invaden el Uruguay ocupando en primera instancia la ciudad de Melo. El mariscal Francisco Solano López protesta enérgicamente y posteriormente declara la guerra al Brasil ordenando el 11 de noviembre de 1864 la captura del Marqués de Olinda, buque mercante brasileño que hacía servicio de carga entre el Brasil y Cormubá en el Mato Grosso.

La primera etapa de la guerra fue la llamada “campaña de Mato Grosso” confiada al general Vicente Barrios, cuñado del mariscal, quien obtuvo resonantes éxitos desalojando a los brasileños de varias fortalezas entre las que se destaca el fuerte de Coimbra.

Para lograr una acción decisiva, Francisco Solano decide acudir en auxilio del Uruguay y para esto pide permiso al general Bartolomé Mitre, presidente de la Argentina, para que las tropas paraguayas puedan atravesar territorio argentino. Mitre, aliado del Imperio del Brasil para derrocar a Rosas y simpatizante del gobierno colorado del Uruguay que había suplantado al partido blanco luego de la invasión, niega este permiso. Paraguay rompe relaciones con Argentina y comienza actividades bélicas. La suerte está echada, el mariscal Francisco Solano López cae en la trampa que le han tendido sus enemigos y que conducirá a su gobierno y a su pueblo a una escalada de violencia y exterminio únicos en la historia Americana.

El 1º de mayo de 1865, mientras los ejércitos paraguayos toman Corrientes y se dirigen hacia el sur, se firma entre los representantes de Argentina, Brasil y Uruguay el vergonzoso tratado secreto de la Triple Alianza. En él se planifica la destrucción del centro de poder que resulta el estado paraguayo, la fijación de nuevos límites entre las naciones que favorecen indiscutiblemente a los estados firmantes e inclusive las abultadas indemnizaciones con el Paraguay deberá compensar a los demás países. Los ejércitos argentinos serán comandados por su presidente, el general Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales que remontarán los ríos Paraná y Paraguay estarán a la orden del vicealmirante Visconde de Tamandaré, comandante en jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del Brasil. La República Oriental del Uruguay contribuirá con suministros y un ejército a las órdenes primero del General Venancio Flores que participa activamente de la batalla y la liberación de Uruguayana, y después por el Coronel León de Palleja que ofrenda su vida en la batalla de Boquerón. En el propio tratado se establece oficialmente la existencia de ciudadanos paraguayos contrarios al régimen de López que participarán de la contienda integrando la famosa Legión Paraguaya, al mando de los paraguayos Federico Baez y Juan Francisco Decoud.

La Legión Paraguaya

A mediados de 1865 la suerte empieza a cambiar para la milicia paraguaya. El 17 de agosto el destacamento al mando del Comandante Duarte que había ocupado Paso de los Libres es prácticamente exterminado en la batalla de Yatay. El 19 de setiembre, después del prolongado acoso de las fuerzas aliadas, el coronel Antonio de la Cruz Estigarribia rinde sus tropas que resistían en la ciudad de Uruguayana. Es evacuado el ejército de Corrientes y el escenario de la guerra pasa a territorio paraguayo, Francisco Solano López intenta hacerse fuerte en la fortaleza construida por él mismo en Humaitá, donde establece su Cuartel General.

Paraguay no estaba para nada preparado para una guerra de escala mayor, pero el mariscal igual decidió hacerla. En términos de cantidad, el ejército paraguayo con 30.000 hombres era el más poderoso en América Latina. Pero la fuerza del ejército era una mera ilusión ya que le faltaba una dirección especializada, una provisión fiable de armas y material y reservas adecuadas. Desde los días del Supremo, los cuerpos de oficiales habían sido abandonados por razones políticas. El ejército padeció una escasez crítica de personal capacitado y de rango y muchas de sus unidades combatientes estaban mal entrenadas. Al Paraguay le faltó la base industrial para reemplazar las armas perdidas en batalla y la alianza argentino-brasileña bloqueó la recepción paraguaya de armamento enviado desde el extranjero. La población de Paraguay en 1865 era equivalente a menos de la décima parte de la población aliada combinada que sumaba once millones de almas. Solano López llegó a reclutar hasta niños de diez años y forzar a las mujeres a realizar tareas no militares pero aún así, jamás pudo desplegar en el campo de batalla un ejército más grande que el de sus rivales.

Una vez evacuado el territorio argentino, de la fuerza inicial de 30.000 hombres la mitad había sido exterminada o capturada junto con las mejores armas y artillería. La guerra tornose en un desesperado forcejeo para la supervivencia de la nación. Era salir a matar o morir. En mayo de 1866, los paraguayos libraron la batalla de Tuyutí, que fue una espantosa derrota.

Los periodistas ingleses publicaron el tratado secreto de la Triple Alianza. Eso provocó innumerables reacciones a favor del Paraguay. El afamado jurista argentino Alberdi de tendencia confederada desde Europa se convirtió en el campeón de la causa paraguaya y los países americanos con costa en el Pacífico clamaron por un cese inmediato de hostilidades y protestaron agriamente por los términos del tratado. El presidente de Bolivia, general Melgarejo, hasta ofreció un ejército de 12.000 hombres a favor del mariscal López. Desde el momento en que el territorio argentino quedó libre de invasores, la opinión de las provincias argentinas e importantes hombres públicos porteños juzgaron que no había más razón de guerra, pidieron un cese de fuego inmediato y abogaron por el Paraguay. Esa misma gente impidió que Argentina hiciera efectiva su parte del tratado secreto (que era repartir el Paraguay con el Brasil) después de la guerra aunque aceptó la anexión de territorios paraguayos a su país.

Oleo sobre la batalla de Curupaity
Mientras tanto en medio de esa polémica mundial, los aliados sufrieron una estrepitosa derrota en Curupaity el 22 de septiembre de 1866 a manos del valiente coronel José Eduvigis Díaz y sus pocos hombres en la cumbre del cerro del mismo nombre. Del lado aliado, hubo decenas de miles de muertos mientras los guaraníes solo perdieron menos de cien. Fue algo muy chocante sobre todo para la moral argentina, que hasta consideró retirar su ejército de la Alianza.

Los soldados paraguayos desplegaron una inusitada valentía suicida, sobre todo considerando que Solano López mandó a fusilar o torturar a varios de ellos hasta por nimias ofensas. Las unidades de la caballería operaron de a pie por falta de caballos. Batallones de infantería navales armados sólo con machetes atacaron acorazados brasileños. Los ataques suicidas produjeron verdaderos campos de cadáveres. Pero el cólera también se cobró su cuota. A través de 1867 Paraguay había perdido 60.000 hombres por acciones bélicas, enfermedades varias o capturas y otros 60.000 soldados fueron llamados bajo bandera. Solano López inclusive alistó esclavos y las unidades de infantería reclutaron hasta a niños. Se obligaron a las mujeres a que realizaran trabajo de apoyo detrás de la línea de fuego. La escasez de material era tan severa que las tropas paraguayas entraron semidesnudos al combate e incluso hasta coroneles fueron descalzos al campo de acción, según un observador. El carácter defensivo de la guerra, combinado con la tenacidad paraguaya y la ingenuidad y la dificultad que ocasionó la mutua cooperación que tenían los brasileños y argentinos, dio al conflicto un carácter de guerra friccionada. Al Paraguay le faltaron los recursos para poder continuar la guerra contra los gigantes de Sudamérica.

Cuando la guerra se acercó a su inevitable desenlace, Solano López se imaginó rodeado por una inmensa conspiración, entonces ordenó cientos de ejecuciones en el ejército además de dos hermanos y dos cuñados, ministros, oficiales militares y cerca de 500 extranjeros, incluyendo varios diplomáticos. Era el famoso "proceso de San Fernando", un capítulo negro y vergonzoso de la historia guaraní. Ordenó matar a sus víctimas con lanzas para poder ahorrar municiones. Los cuerpos fueron enterrados en una fosa común. Su cruel tratamiento para con los prisioneros era proverbial. El mariscal López condenó a sus propios soldados a la muerte si ellos no cumplían hasta el más mínimo detalle sus órdenes. "Conquistar o morirse" era el lema diario.

Restos de la Fortaleza de Humaitá
La rendición tras largo sitio del fuerte de Humaitá ante fuerzas argentinas el 24 de julio de 1868 fue decisivo para el curso de la guerra porque ese fuerte era la llave de entrada al Paraguay. Tan heroica fue la resistencia paraguaya que cuando salieron los hombres semidesnutridos y casi desnudos, sin municiones, fueron acogidos con altos honores de parte del enemigo en reconocimiento a su valor en combate. En Ytororó y Abay, el general Bernardino Caballero ofreció gallarda resistencia hasta el último hombre contra los avances brasileños para que el mariscal pudiera organizar una batalla decisiva en las Lomas Valentinas donde en 17 de diciembre de 1868 fue atacado igualmente por fuerzas enemigas muy grandes. López pudo salir en retirada después de siete días de combates pero no sin haber fusilado antes a su hermano Benigno López, al obispo Palacios y su canciller José Berges.

Las tropas aliadas entraron en Asunción en enero de 1869, pero Solano López tuvo suerte porque el marqués brasileño Caxias consideró que ocupando la capital en vez de prenderlo daba por terminada la guerra. López logró rejuntar un ejército de 12.000 almas que en realidad eran viejos, niños y mujeres entre Azcurra y Caacupé. Al Brasil le irritó esa cuasi milagrosa supervivencia del tirano paraguayo y decidió continuar la guerra ya sin cuartel. Los argentinos y uruguayos consideraron que ocupando Asunción la guerra se acabó para ellos, dejaron unos regimientos en el lugar y se marcharon de regreso a sus países.

Niños reclutados como soldados
Los brasileños hicieron salvajadas. El 12 de agosto de 1869 ganaron la dramática batalla de Piribebuy y no conformes con eso, incendiaron el hospital repleto de heridos y degollaron al comandante del lugar el mayor Pedro Pablo Caballero. El 16 de agosto de 1869 consta entre los capítulos más luctuosos de América. López dispuso un ejército integrado enteramente por niños para enfrentar a las hordas brasileñas en el fatídico combate de Acosta Ñú… ninguno de los infantes sobrevivió. El conde d’Eu, bárbaro comandante de las fuerzas atacantes, al ver que había combatido y exterminado a un ejército de niños ordenó incendiar el campo para borrar los rastros matando a los heridos y a quienes intentaban socorrerlos. Hoy en la actualidad en esa fecha se celebra el Día del Niño en todo el territorio paraguayo con una sensibilidad especial.
López debió de huir aún más dentro del país hasta que encontró la muerte lanceado por un soldado brasileño a orillas del arroyo Aquidabán en Cerro Corá. Fue el día 1° de marzo de 1870. Con las palabras postreras "muero con mi patria" en los labios del cruel tirano se acabó la guerra más sangrienta que jamás ha visto América.

El año 1870 marcó el punto más bajo en la historia paraguaya. Cientos de miles de paraguayos habían muerto. Degradado y prácticamente destruido, el Paraguay tuvo que soportar una larga ocupación por tropas extranjeras y ceder enormes extensiones de territorio soberano al Brasil y a la Argentina.

Francisco Solano López pasó a la historia como un patriota dispuesto a entregar su vida y la de su pueblo en haras de su dignidad como nación. Sin embargo los observadores discreparon grandemente sobre su figura. George Thompson, un ingeniero inglés que trabajó para el joven López (el británico se distinguió como oficial paraguayo durante la Guerra de la Triple Alianza y después escribió un libro sobre su experiencia) tenía palabras ásperas para su ex-patrón y comandante y lo llamaba "un monstruo sin igual". La conducta de Solano López ponía en evidencia tales cargos. En primer lugar, los cálculos erróneos y ambiciones de Solano López zambulleron al Paraguay en una guerra con la Argentina, el Brasil y el Uruguay. Esa guerra produjo la muerte de la mitad de la población paraguaya y casi eliminó al país de la faz de la Tierra. Durante la guerra, Solano López decretó las ejecuciones de sus propios hermanos y mandó a torturar a su madre y hermanas cuando sospechó de ellos como opositores. Miles de personas, inclusive los mejores soldados y generales también sufrieron la muerte delante de pelotones de fusilamiento o fueron descuartizados por órdenes de Solano López. Otros lo vieron como un paranoico megalómano, un hombre que quiso ser el "Napoleón de Sudamérica" solo para reducir su país en la ruina y convertir a sus compatriotas en mendigos en su vana búsqueda de gloria.

Existen dos causas principales a las que se atribuye la sangrienta guerra contra el Paraguay. La primera se inclinaría por la necesidad de los capitales Británicos, en especial por al casa Baring de Londres que se convirtió en el principal acreedor de los países participantes, de incluir al Paraguay en la cadena de empréstitos con los que mantenía la influencia inglesa en los demás países de la región. Paraguay, fiel a la tradición impuesta por el Supremo, era autosuficiente y no tenía necesidad de los capitales ingleses. Otra teoría indica que la Guerra de Secesión norteamericana que se desarrolló entre los años 1861 y 1865 había hecho peligrar la expansión capitalista de Inglaterra al suprimir el suministro de algodón a la metrópoli. Si bien el Paraguay era un incipiente plantador de algodón, existían estudios que demostraban que su territorio tenía especiales condiciones para sustituir el aporte de los estados sureños norteamericanos, y esta razón se había constituido en motivo para destruir a sangre y fuego al gobierno nacionalista del país sudamericano.

Queremos agregar una nuevo visión sobre las posibles razones que influyeron en el desencadenamiento de la devastadora guerra. La masonería internacional, con sede en Londres, había cumplido su primera etapa en su lucha sin cuartel contra las monarquías europeas emancipando a las naciones americanas a principios del siglo XIX. En apoyo de esta versión queremos recordar que los más grandes libertadores como Simón Bolívar y José de San Martín eran destacados integrantes de las logias americanas. Por el año 1860 el proyecto masón había logrado la unificación de la Argentina como nación y en su conducción se alternaban distinguidos miembros de la masonería como Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. En Rio de Janeiro a su vez el poder también estaba en manos de famosos integrantes de la masonería encabezados por el mismísimo Pedro I integrante del Gran Oriente del Brasil. El plan masónico había ingresado en una segunda fase para las jóvenes naciones americanas con el cometido de forjar estados modernos, civilizados y liberales al estilo europeo. La República del Paraguay, debido a su prolongado aislacionismo, no había sido permeable a los avances de las logias que respondían a la masonería internacional. Esto, entre otras razones que ya se han comentado, habría impulsado a los hermanos masones de ambas potencias a estrechar filas y marchar contra el único foco de resistencia de la región. Algunas pruebas de estos dichos se pueden encontrar en el libro de Guido Rodriguez Alcalá “Caballero Rey” donde el General Bernardino Caballero, segundo al mando de López en sus últimos años, relata que fue tomado prisionero por las tropas brasileñas y enviado a Río de Janeiro. Allí se lo reclutó para la masonería y una vez asegurada su fidelidad fue devuelto al Paraguay donde, apoyado por el ejército ocupante, encabezó la fundación del Partido Colorado del Paraguay y ocupó un puesto destacado en la reconstrucción del país llegando a ser nombrado Presidente de la República.

Muerte del coronel oriental León de Palleja en Boquerón
No podemos hablar de vencedores y vencidos. El Paraguay quedó prácticamente destruido pasando su población de un millón doscientos mil habitantes a solo un poco mas de cuatrocientos mil, siendo la mortandad masculina de hasta un 90%. La Argentina, enfrentada a una contradicción histórica, enfrentó varias guerras civiles durante el transcurso de las actividades bélicas y la continua oposición de la población en general que quería y respetaba a los paraguayos y consideraba que esa guerra no era suya. En el Uruguay la contienda tampoco era querida por los habitantes y el papel del pequeño país se redujo a enterrar a sus muertos ya que no participó del vergonzoso reparto de utilidades al final de la guerra. El imperialista Brasil aparecería como el ganador indiscutido ya que había conseguido su objetivo de someter al Paraguay a su influencia política y económica, dibujando los límites fronterizos a su antojo. Sin embargo los impresionantes costos monetarios de las acciones bélicas no fueron en modo alguno compensados con las reparaciones que se obligó a pagar al Paraguay y dieron comienzo a la abultada deuda externa Brasileña, coartando en lo sucesivo la libertad del país y su liderazgo sobre la región.

En concreto ninguna nación americana fue beneficiada por la Guerra de la Triple Infamia. Queremos agregar una elocuente frase de un célebre discurso pronunciado por Bartolomé Mitre el 7 de marzo de 1871. Se pregunta: “¿Cuál es la fuerza que impulsa este progreso?” y responde concluyente: “Señores, es el capital inglés”.

domingo, 25 de julio de 2010

José Gervasio Artigas

Semblanza del Protector de los Pueblos Libres

En su niñez y primera juventud Artigas tomó contacto y vivió muy de cerca la realidad y los trabajos del hombre de campo de la Banda Oriental. Mas tarde pasó algunos años dedicado a la compra y matanza de haciendas para comerciar con cueros, astas y la crin, muy buscadas por los acaparadores europeos debido a sus bajos precios. Innumerables veces recorría la campaña llegando incluso hasta las Misiones para conseguir la hacienda para su comercio. Esto le permitió conocer como pocos los secretos de su tierra demostrando un coraje y una inteligencia que fueron creando su ascendiente sobre los peones, gauchos y la indiada charrúa que habitaba esos desolados parajes.
Los dueños de estancias de la Banda Oriental estaban muy alterados por la violencia e impunidad con que las distintas bandas de contrabandistas portugueses, indios charrúas o minuanes y gauchos alzados asolaban las haciendas, poniendo en peligro la propiedad e incluso la vida de los insipientes ganaderos. Era muy común que, previa venia de los Gobernadores, salieran partidas reclutadas por los hacendados con sus hijos, vecinos, peones y esclavos a dar batidas para terminar con el vandalaje. El joven José Gervasio destacó por su bravura y habilidad con el caballo, el lazo y las boleadoras y esto llegó a oídos de las autoridades de Montevideo que lo animaron a seguir una carrera militar, a lo que finalmente accedió antes de que finalizara el siglo XVIII. Es así que convertido en oficial de milicias, consagra su vida y esfuerzos a la protección de la campaña Oriental.

Félix de Azara era un militar, ingeniero y naturalista español. En 1777 España y Portugal firman el tratado de San Ildefonso que fijaba las fronteras de sus posesiones de América del Sur. La corona española, preocupada por los avances portugueses en la zona, elige a Azara para formar parte de los comisarios encargados de delimitar con precisión las fronteras del nuevo mundo y parte para Sudamérica con esta misión que le demandaría cuatro lustros de su vida.
Sus primeros años en el nuevo continente lo pasa en Paraguay esperando por las autoridades lusitanas que no tenían ningún apuro por fijar los límites acordados. Es allí donde comienza sus investigaciones de la fauna y flora paraguayas y toma invaluables notas para los que serían mas tarde sus libros de observaciones científicas donde describe mas de cuatrocientas especies animales, de las cuales la mitad eran desconocidas hasta la fecha.
Mas tarde, sobre fines de siglo, marcha hacia la Banda Oriental para fundar poblaciones en la frontera con el territorio portugués. A este fin se le nombra Comandante General de la Campaña y se le adjunta al oficial de blandengues José Gervasio Artigas como su ayudante para darle el apoyo requerido por las circunstancias.
Ambos hombres profundizan y afianzan una relación de mutua confianza y admiración en esos años y Artigas nutre su pensamiento con las nobles ideas del naturalista que lo acerca a las nuevas ideas humanistas que germinan en Europa. Esta es la clave para entender el origen del ideario de Artigas y su profunda vocación por la independencia y el humanismo.

Años después la carrera del caudillo continúa en ascenso. Combate al invasor inglés en los primeros años del mil ochocientos con sin igual destreza sacando a relucir valiosos dotes militares. En esta gesta, entre otros, conoce y traba amistad con Fulgencio Yegros quien luego sería héroe de la independencia del Paraguay.

El año de 1811 fue el mas importante en la vida del caudillo y de toda la América del Sur ya que los acontecimientos se precipitaban uno tras otro con vértigo: los ejércitos de Napoleón ocupaban toda Europa, tanto en España como en América el pueblo se reunía en Juntas de Gobierno que se decían fieles a Fernando VII, por mas que muchos ya manifestaban su voluntad de emanciparse de la corona.

Artigas renunció al Cuerpo de Blandengues de Montevideo y fue a ofrecer sus servicios a los mandamases de la Junta de Buenos Aires.

A partir de ahí la revolución encendió las praderas orientales. Artigas tomó el mando de los patriotas y venció a los españoles en la batalla de Las Piedras. Esta victoria sobre los realistas fue el primer revés importante de España en las colonias. A la batalla le siguió un sitio a Montevideo por las fuerzas de Artigas y Rondeau, enviado por Buenos Aires para colaborar con el jefe oriental.

En los años siguientes intervienen los portugueses. La Junta Grande llega a un acuerdo con ellos y Artigas, disgustado con los porteños por el acuerdo, reúne sus tropas y se retira al norte del Uruguay. Enarbola la bandera del federalismo y es aclamado y seguido como Jefe por las Provincias Unidas. Después vendrán años duros, de combates desiguales contra los brasileros, contra los porteños. El caudillo hace un desesperado intento por revertir la situación pero es traicionado inclusive por uno de sus lugartenientes, Francisco Ramírez, caudillo entrerriano que pacta con los unitarios bonaerenses. Artigas no puede perdonar esta traición y reacciona atacando a su antiguo oficial con el que mantuvo una serie de batallas hasta que al final, diezmado su ejército y su flota, se retira al Paso del Boquerón en el Paraná.

Solo lo siguen sus fieles, restos de su imponente ejército de otros tiempos. La heterogénea tropa está compuesta por poquísimos oficiales, muchos negros entre los que destaca su fiel Ancina, muchos indios que reconocían en el General al líder que necesitaban para sacudirse el yugo que los tenía sojuzgados. Los últimos días pasados en el campamento de Las Tunas de la Candelaria, cerca de Boquerón, son de una actividad inusitada. La aureola que acompaña al gran hombre trasciende las fronteras y al corazón mismo de la selva misionera le llegan varias propuestas a las que Artigas no da oportunidad. Sus fieles amigos le proponen seguir la guerra aceptando el ofrecimiento de los caciques chaqueños que ponen a su disposición sus guerreros y sus escasos recursos y el General se niega a ofrendar la vida de tan nobles aliados en una lucha tan desigual. Los Estados Unidos de América le proponen un retiro seguro y confortable y aún los brasileros le ofrecen asilo en Río de Janeiro. A todo esto el caudillo oriental dirá que no.

Artigas se desprende de sus últimos dineros que envío a sus oficiales presos en la cárcel lusitana de la Isla das Cobras y se dirige hacia la Picada Brava para cruzar el Paraná por el Paso del Boquerón el 5 de septiembre de 1820. El indomable General Oriental juega su última carta en pro de sus ideas federalistas. Tenía que interesar a Gaspar de Francia, dictador perpetuo del Paraguay, en la guerra que había entablado contra el centralismo porteño y el imperialismo brasilero. No desconocía la hostilidad del doctor Francia para con su persona y su causa. Confiaba en que su entrañable amigo Fulgencio Yegros intercedería en su favor. No sabía que Yegros estaba prisionero en las mazmorras del dictador después de un intento de derrocarlo el viernes santo del mismo año. Artigas fue hecho prisionero por Francia al llegar a territorio paraguayo y fue enviado con fuertes medidas de seguridad a Asunción donde fue recluido e incomunicado en el Convento de la Merced.

Gaspar de Francia nunca respondió a sus pedidos de audiencia. A los pocos meses lo envió a un lejano pueblo en la frontera con el Brasil: San Isidro Labrador de Curuguaty.
En este rincón alejado se le dio un rancho donde vivir y unas tierras para trabajar lo cual hizo con empeño. Llevó durante años una vida sencilla ayudando y socorriendo con lo producido por la tierra a cuantos solicitaron su auxilio. Se convirtió en un padre de los pobres. Así como antes los gauchos lo rodeaban y lo seguían a las batallas, la gente sencilla del pueblo lo buscaba para pedirle consejo y amparo. El se mostró solícito con todos, ayudaba a todo aquel que se lo pidiera sin hacer distinciones. El destino decidió que al hombre grande de grandes ideales se le fueran cerrando las porteras una tras otra, pero tal vez, en esa patria chica a la que fue confinado y donde abdicó de su lanza y envainó para siempre el sable de su independencia, encontró la verdadera razón de su existencia. Cansado de batallar contra la injusticia y la opresión de su pueblo puso en práctica su ideal ayudando a la gente sencilla y encontró la paz anhelada. Prueba de ello es que el gobierno del Uruguay mandó en varias ocasiones mensajeros para pedirle que volviera, incluido su hijo, a lo cual el caudillo contestó siempre que no.....

domingo, 15 de noviembre de 2009

Historias de la Patria Grande

Juan Manuel de Rosas, el Restaurador de las Leyes

La década de 1850 fue fermental y decisiva en la historia del cono sur de América.

La batalla de Caseros, ocurrida el 3 de febrero de 1852 entre las fuerzas de la Confederación Argentina comandada por el General Juan Manuel de Rosas y el llamado Ejército Grande compuesto por fuerzas del Brasil, Uruguay y las provincias argentinas de Entre Ríos y Corrientes liderados por el Gobernador de Entre Ríos Justo José de Urquiza, es sin duda uno de los hechos bélicos mas importantes de la región, y marca el comienzo del predominio tanto político como militar del Imperio del Brasil.

El todopoderoso General Rosas, conocido y temido por sus adversarios había gobernado la Provincia de Buenos Aires con mano férrea sin permitir oposición alguna en dos oportunidades: 1829-1832 y 1835-1852. Era un hacendado y típico caudillo de orientación federal, que fue ascendiendo en poder hasta que logró que la legislatura porteña lo nombrara gobernador y le otorgara facultades especiales. Desde el comienzo declaró su guerra a los unitarios proclamando su famosa divisa: “El que no está conmigo, está contra mí”, agrupando bajo su bando a los burgueses, conservadores y reaccionarios, a los católicos, la plebe urbana, los gauchos descontentos y los indios. Uno de sus primeros actos de gobierno fue suprimir la libertad de prensa y adueñarse de ella, como consecuencia se ganó la férrea oposición de los jóvenes ilustrados y liberales, quienes junto con los militares y viejos patricios de la revolución fueron sus principales adversarios. Si bien fue un nacionalista reconocido que luchó contra las pretensiones extranjeras de disponer del libre tránsito en los ríos nacionales, que reclamó siempre la devolución de las Islas Malvinas por parte de los Ingleses, su manera anárquica de gobernar llegando incluso a administrar justicia él personalmente, su apropiación de todos los ámbitos de poder representados por la policía, el ejército, el clero y la prensa, lo convirtieron en un déspota y tirano absoluto que generaba rechazo entre la población con ideales liberales y también en los países de la región. Para lograr la sumisión completa de la población a sus mandatos, llegó a crear un partido propio al que llamó Partido Restaurador Apostólico, con un brazo armado llamado “Sociedad Popular Restauradora” y conocido vulgarmente como “la mazorca”, una continuación de su anterior ejército particular los “colorados del monte” que había organizado siendo todavía un próspero estanciero que recién comenzaba a iniciarse en política.
 La Mazorca fue el terror de sus adversarios unitarios, hacía las veces de órgano de inteligencia y ayudaba a la policía rosista a descubrir complots, delatando tratos de criollos con agentes extranjeros y persiguiendo y hostigando a los enemigos del régimen allí donde se encontraran al grito de “Viva la santa federación, mueran los salvajes unitarios”.
Esta guerra sin cuartel obligó a los enemigos del caudillo federal a emigrar, fundamentalmente a Montevideo y a Europa, para salvarse de ser ajusticiados. Por su parte los elementos contrarios al gobierno de Buenos Aires cometían toda suerte de actos vandálicos y de terrorismo buscando socavar el poder de Rosas sin conseguirlo.


En el surgimiento y mantenimiento del gobierno de Rosas encontramos nuevamente el constante drama americano. Defensor a ultranza del sentir nacional, en el plano económico su gobierno dictó leyes que aseguraban la protección de la industria nacional. Su intimo conocimiento del gaucho y del indio, al que combatió extendiendo la influencia del gobierno muy hacia el sur, hizo que estos lo siguieran y consideraran su propio líder. Llevó a cabo una administración provincial ordenada, aumentó los impuestos y obligó a cumplir las leyes y a pacificar el país, lo que le valió el pomposo título de “Restaurador de las leyes”. Sin embargo su concepción caudillista y personalista de la nación, su origen como importante hacendado de la provincia de Buenos Aires, lo hicieron aliado natural de los grandes terratenientes bonaerenses, atraídos por la paz y la disciplina social que necesitaban para desarrollar sus actividades económicas. Esto se completó con la sanción en 1835 de la Ley de Aduanas para protección de las materias primas y productos locales. Si bien favorecía al conjunto de provincias asegurando protección a la industria nacional, al centrar en el puerto de Buenos Aires el cobro de los tributos arancelarios para toda importación o exportación que se realizara, daba a la elite porteña la llave para dominar todo el comercio del país y la capacidad de favorecer o empobrecer a determinados grupos sociales de las provincias. Es por eso que se encuentran ilustrísimos nombres de importantes familias bonaerenses inscriptas en la Sociedad Popular Restauradora acompañando y apoyando al caudillo que, en definitiva, aseguraba su predominio sobre el resto de la población.

Rosas mantuvo durante su gobierno una excelente relación con los comerciantes ingleses y su gobierno. No así con el gobierno de Francia que luego de un conflicto diplomático y utilizando su flota estacionada en el Río de la Plata comienza un bloqueo sobre el puerto de Buenos Aires a fines de 1838 que se extiende por dos años.

Concluido el mismo, Rosas se compromete con el gobierno francés a indemnizar a los ciudadanos franceses y otorgarle los mismos derechos que a los ingleses. Poco después restringe nuevamente la navegación por los ríos Paraná y Uruguay y en 1843 bloquea el puerto de Montevideo, ayudando al General Oribe a invadir el Uruguay y a sitiar la capital. Esta actitud intransigente e intervensionista del caudillo afecta los intereses de comerciantes y financistas extranjeros, y en 1845 una flota anglo-francesa se encarga de bloquear nuevamente el puerto de Buenos Aires y venciendo la resistencia criolla se adentra en el Río Paraná.

El bloqueo dura hasta 1847, fecha en que lo levantan los ingleses y al año siguiente harían lo propio los franceses. Esta defensa a ultranza del ser nacional y los intereses de la región despierta admiración de muchos hacia Juan Manuel de Rosas. Inclusive el General San Martín, héroe de la independencia americana, le envía una felicitación y le recuerda en su testamento mediante un apartado especial: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Sin embargo los años de bloqueo son muy duros de sobrellevar sobre todo para las clases populares. Los estancieros, financistas y grandes comerciantes no se ven tan afectados ya que cuentan con importantes reservas y son objetos de ventajas de todo tipo, entre ellas impositivas.

Otro sector que se ve muy afectado por los bloqueos lo constituyen los grandes hacendados del interior que, al no tener libre circulación por los ríos, dependen exclusivamente del puerto de Buenos Aires para la salida de sus productos. Es ahí donde aparece la figura del gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, antiguo caudillo rosista. Este poderoso hacendado de Entre Ríos, cansado ya del injusto control bonaerense del comercio exterior y halagado y persuadido por la habilísima intervención de la diplomacia del emperador del Brasil Pedro II, firma un deplorable tratado que asegura la formación de un formidable ejército para combatir al tirano. El llamado Ejército Grande que lo derrota en Caseros el 3 de febrero de 1852, estableciendo un nuevo orden en la Confederación liderada ahora por el poderoso Urquiza.

Juan Manuel de Rosas se refugia en al consulado inglés y pide asilo. Escapa hacia Gran Bretaña a bordo de la fragata británica Centaur y vive en el exilio muchos años hasta su muerte acaecida en la pobreza. Toda la estructura rosista se desmorona en un santiamén y a los pocos días los ejércitos victoriosos entran a Buenos Aires y se dedican a su saqueo. Sin embargo el bando ganador es un conglomerado de intereses muy vasto, destacan en el mismo preponderantes figuras unitarias que harán de Buenos Aires su bastión desde donde llamarán a una Asamblea Constituyente y empezarán a definir una estructura de gobierno liberal que tendrá profundas consecuencias en los cambios políticos que ocurren en la región.